• Andrea Luque

Wolf-warrior diplomacy


No tenía planeado escribir sobre China más de una vez. No porque el tema no fuera relevante, ni necesario de hablar, sino porque me ha costado trabajo formular un pensamiento coherente frente a este país. Desde que comencé a escribir en esta plataforma he dicho que, aunque China se quería perfilar como un nuevo líder ante el escenario global actual, aún le faltaba experiencia y liderazgo. Pero la duda siempre quedó en mi mente sobre la verdadera estrategia de China, y si podía reemplazar el liderazgo de Estados Unidos.


Es un buen momento para decir que, aunque los Estados Unidos han sido una fuerza considerable en el liderazgo mundial, a medida que las dinámicas se van regionalizando es más complejo encontrar espacios para líderes hegemónicos, sobre todo después de la cuarta ola de la democracia y en momento pos-pandemia. Sin embargo, como este año ha estado lleno de sorpresas, el momento había llegado para que China estrenara su poder adquirido durante décadas ¡Y de qué manera lo ha hecho!


Iniciando la pandemia, la narrativa en los medios internacionales hablaba bellezas del país asiático. Aplaudiendo su continua colaboración y cooperación mientras Europa se sumía en el caos a medida que sus números de contagios aumentaban a una velocidad alarmante. En redes sociales surgían videos virales que mostraban trabajadores de salud chinos siendo recibidos como héroes, o quitándose sus máscaras para exhibir sonrisas de victoria. Mejor dicho ¿Quién necesitaba al Capitán América si estaban las brigadas médicas de China? Con todo esto el consenso era que China se estaba aprovechando del Covid para avanzar su agenda internacional.


Yo me creí el cuento hasta que comenzaron a llegar, cada vez con mayor frecuencia, noticias sobre acciones hostiles y decisiones arbitrarias desde Beijing. Aquí un recuento rápido:

  • Un escalamiento en tensiones en la frontera con India que resultó en 20 soldados Indios muertos y aún más bajas por parte del lado chino. A lo cual India respondió prohibiendo más de 59 aplicaciones chinas, incluidas TikTok y WeChat.

  • La ley de seguridad nacional impuesta sobre el territorio de Hong Kong, que no sólo acabó con las libertades políticas de la ciudad, sino que atenta contra acuerdos internacionales (Lean mi columna al respecto: Extorsión China).

  • Cuando Australia expresó apoyo a una investigación sobre los orígenes del Covid, China respondió subiendo aranceles a importaciones agrícolas clave.

  • El anuncio del establecimiento de dos distritos administrativos en el Mar de la China Meridional en dos islas artificiales entre Vietnam y Filipinas.

  • Un escalamiento en ejercicios militares en territorios cercanos a Taiwán, lo que llevó a Estados Unidos a abrir un quasi-consulado en el territorio.


En fin...la lista es bastante larga, pero son los hechos más memorables. Esto nos muestra una política exterior más agresiva con la cuál uno realmente se pregunta: ¿Qué es lo que tiene en la cabeza el gobierno Chino? ¿Hay algo detrás de estas decisiones que se ven más contraproducentes que otra cosa? ¿Qué se nos está escapando con este país? No voy a responder a todas estas preguntas en este escrito, en parte porque no tengo respuestas contundentes, solo especulaciones educadas.


De acuerdo con expertos en política exterior, China está ejerciendo lo que han llamado “Wolf-Warrior Diplomacy”, por las similitudes a una de las películas chinas más exitosas en ese país del mismo nombre. Así, este concepto de toma de decisiones, con cierta agresividad para proteger los intereses nacionales ha aumentado los sentimientos de patriotismo y nacionalismo por parte de la población China. Esto puede explicar desde el nivel doméstico como una herramienta para “reparar la narrativa” que ha venido permeando al gobierno chino por su deplorable manejo de la crisis del coronavirus (censurando información clave sobre la transmisión del virus).


El problema es que, ese mismo patriotismo puede causar problemas como lo ha hecho en el pasado, cuando ocasionó graves disturbios luego de una confrontación diplomática con Japón. Sin embargo, esta práctica diplomática ni siquiera es universalmente aceptada entre los oficiales del servicio diplomático de China, precisamente porque no han habido victorias claras con esta práctica. Es posible que el razonamiento detrás de esta nueva táctica sea aprovechar la crisis que ha generado la pandemia al interior de los países, haga que estas acciones pasen desapercibidas, pero no es el caso. De hecho, las respuestas han sido oportunas, como si la pandemia no tuviera el efecto disuasivo que pensaban los chinos.


El problema es que aunque China generalmente ha tenido una política exterior más mesurada y de bajo perfil, este no ha sido el caso con sus relaciones con otros países asiáticos. De hecho, tensiones han existido entre Filipinas y China, por ejemplo. Sin mencionar la política frente a Tíbet y Taiwán. Lo que quiere decir que no es exactamente nuevo que China tome decisiones agresivas, lo que sí es nuevo es que toma estas acciones sin pensar en las consecuencias que puede traer para su mismo desarrollo (La expulsión de Huawei para la red 5G en el Reino Unido o la prohibición de aplicaciones como TikTok en India).


¿Qué nos falta en este rompecabezas? África. Históricamente, el continente Africano se ha destacado por ser aquel a donde las ambiciones del norte van a parar. China desafortunadamente no es la excepción. Con promesas de desarrollo, de comercio, de dinero, acuerdos de cooperación y ayuda humanitaria, la relación de China con países en África como Djibouti, Sudán, República Democrática del Congo y Sudáfrica, no es más que un espejismo de la estrategia real de China con el continente.


De acuerdo con Ted Bauman, analista senior en Bayian Hill Publishing “Es claro que el principal objetivo de la inversión extranjera China es geopolítico, no económico. Las inversiones más importantes son hechas no por corporaciones privadas, sino por empresas estatales, y se enfocan específicamente en desarrollo de infraestructura como autopistas, puertos, represas, y redes públicas de electricidad.” Esto nos muestra una clara intención de que estos países se sientan en deuda con China, y poder así explotar esa relación con fines geopolíticos como establecer nuevas rutas marítimas, incrementar su presencia militar, o extraer la cantidad de recursos naturales que se encuentran en el continente.


Yikes.


Es claro que esta breve explicación no es suficiente para entender con claridad lo que sea que China esté planeando a futuro. Sin embargo, no está de más mencionar que aunque China efectivamente está intentando ser la respuesta al dominio de Estados Unidos, los aliados de China en las regiones aún sin países con poco poder en las respectivas regiones. Mientras que Estados Unidos (independientemente del desastre que es ahora) aún cuenta con aliados e instituciones importantes en todas las regiones. En otras palabras, a China aún le queda mucho camino por recorrer, y con sus continuas decisiones arbitrarias, hostiles y agresivas lo único que está logrando es el odio de la comunidad internacional.


Mejor dicho: “Le falta mucho pelo pa’ moño.”


A raíz de todo esto, quiero hacer la siguiente reflexión: Colombia se tiene que cuidar de su relación con China, porque viendo los proyectos que están alineados con empresas Chinas y las ganas del presidente Duque de tener buena relación con ese país, podríamos terminar en esa lista de países que, por algo de desarrollo en infraestructura, terminen extrayendo recursos naturales o arruinando nuestros ecosistemas. Cuidado con China, porque es capáz de cualquier cosa.


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