• Jessica Vargas

Una lucha feminista desde las ciudades ¿Y las mujeres de las zonas rurales, qué?


La pandemia ha hecho visible una de las tragedias que se vive a diario dentro de los hogares colombianos: la violencia intrafamiliar y la violencia de género.


Las llamadas a las líneas de atención de violencia de género 155 a nivel nacional y la línea distrital púrpura en Bogotá 018000112137, ha aumentado exponencialmente un 230% desde que inicio la cuarentena; y ni hablar de los feminicidios que en julio llegaron a 116 según la fundación feminicidios Colombia.


Sin embargo, algunas entidades del Estado han afirmado que la violencia dentro de los hogares ha disminuido. Algunos han salido a aclarar que esto puede ser debido a que los entes que atienden las denuncias están cerrados o que las víctimas no salen a denunciar. Pero hablemos de una realidad que vive escondida dentro de las cifras. La violencia que sufren las mujeres de las zonas rurales de nuestro país.


Hace unos meses tomé la decisión de venirme a vivir a una zona rural del departamento de Boyacá. Estar aquí me ha permitido entender muchísimas cosas que desde la ignorancia de una persona que proviene de ciudad, con privilegios y con la incredulidad de entenderlo todo, nunca había notado. Una de las cosas más difíciles ha sido darme cuenta de que esa lucha de muchas en la ciudad contra el machismo y el patriarcado ha sido casi que inservible.


El machismo y el patriarcado está presente en cada una de las acciones de las mujeres de las zonas rurales. La economía sigue siendo un tema de los hombres, la producción, también; ni hablar de los cargos de elección democrática, y mucho menos de la violencia contra la mujer.


El cierre de los establecimientos expendedores de bebidas alcohólicas, cantinas, ha hecho que el consumo de alcohol se haga dentro de los hogares ocasionando el aumento de la violencia intrafamiliar y la violencia hacia la mujer. Esto, evidenciado por personas que trabajan dentro de las comisarías de familia, policía y dentro de la misma comunidad porque en cifras es casi que inexistente debido a muchos factores, entre ellos el miedo a denunciar y la incompetencia de los organismos de control. Se ha encontrado una estrecha relación entre el consumo de alcohol y la violencia doméstica. En el 40% de los casos de maltrato infantil en Colombia se ha encontrado como antecedente el alcoholismo o consumo de sustancias.[i]


Por otro lado, hablar de violencias sexuales sigue siendo un tema tabú dentro de las comunidades que habitan las zonas rurales. Hace unos días realicé seguimiento a un caso de violación a una mujer de la tercera edad en una vereda de un municipio del departamento. Desde la incompetencia de la policía al sugerirle que lo mejor era no denunciar, hasta la creación de chismes dentro de los habitantes apuntando que todo había sido un invento de la señora quien reside sola en la zona. Afortunadamente, logramos apoyar su caso y hacer la correcta ruta de atención de estos casos, pero todo esto, gracias a la presión de organizaciones y medios de comunicación.


No ha cambiado mucho la realidad de las mujeres de las zonas rurales, siguen siendo ellas quienes se encargan de las tareas del hogar, los hijos, el esposo, la estabilidad de la casa, de los animales. Mientras ellos se hacen cargo del dinero que en muchos casos es destinado para la compra de cerveza, guarapo y demás bebidas alcohólicas, exponiéndolas a toda clase de violencia psicológica, verbal y física.


El apoyo entre las mujeres es muy poco, las dinámicas del patriarcado siguen haciéndolas creer que son las peores enemigas y aquellas quienes se atreven a ser “diferentes” son fuertemente castigadas, crucificadas y señaladas por la misma comunidad, casi que como una historia de brujas del siglo XXI. Así que ser una “mujer diferente”, puede significar una vida llena de rechazo, imposibilidades, juzgamiento y finalmente, la rendición hacia un espacio que es suyo, pero está dominado por el patriarcado.


Entonces, ¿qué podemos hacer las mujeres que estamos llevando una lucha por las mujeres desde las ciudades creyendo que estamos representando a todas las mujeres? Nuestras luchas son diferentes, mientras que allá creemos que luchamos por equidad de género, igualdad en salario, representación política; en las zonas rurales siguen viviendo lo que hemos creído se ha acabo hace muchos de años, el patriarcado.

[i] N. Hewitt; C. Ramírez Herrera. (2014). Medicina legal. Co-ocurrencia entre el consumo de alcohol de los padres y el maltrato físico a los niños. https://www.medicinalegal.gov.co/documents/20143/49487/Violencia+Intrafamiliar.pdf

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