• Juan Felipe Cruz

Tasajera: ¿eso les pasa por robar?


El pasado lunes 6 de julio, Colombia despertó con la terrible noticia de la explosión de un camión cisterna en el corregimiento de Tasajera, Magdalena, un lugar del que yo jamás había escuchado y del que ignoraba completamente su situación socio económica. Aquí debo comenzar confesando que apenas leí cómo transcurrieron los hechos pensé “¿qué hacían estas personas saqueando ese camión?” y “por estar robando se expusieron a perder su vida”, claramente ignorando el contexto de su cotidianidad y hablando desde mi privilegio. Luego, comencé a ver más reportajes y noticias que informaban sobre la realidad que vive el municipio de Pueblo Viejo, circunscripción a la que pertenece el corregimiento, y mi reacción fue como si me hubieran dado una cachetada e inmediatamente me di cuenta de mi error.


Como todos sabemos, el mundo se encuentra en medio de una pandemia que ha tomado la vida de miles de personas y que ha afectado la economía de los países de manera considerable y preocupante. Colombia no es la excepción y, en un país tan desigual como el nuestro, las consecuencias de esta crisis se expresan con mayor magnitud, desafortunadamente Pueblo Viejo es la viva imagen de este escenario. Empecemos diciendo que este pequeño municipio es uno de los más pobres del país y que incluso antes de que el coronavirus tocara tierras puebloviejeras ya atravesaba una crisis sanitaria que se debía al precario manejo de basuras. A mediados de abril se presentó la primera muerte por COVID-19 en Pueblo Viejo y desde entonces la situación solo ha empeorado, creando así un cóctel de infortunios que azotan a esta población, incluyendo: abandono, basura, pobreza y (ahora) coronavirus.


Después de enterarme de los terribles acontecimientos que se presentaron en Tasajera, decidí entrar a Twitter y leer qué estaban diciendo las personas y los medios al respecto. Como suele suceder, me encontré con una gran variedad de opiniones donde algunos defendían y otros condenaban a quienes sufrieron este terrible incidente. Era común ver comentarios denigrando a las personas y que deshumanizaban la situación, me sentí terrible porque mis primeros pensamientos eran iguales a esas opiniones tan destructivas e insensibles. Entender que la vida no es solo blanco o negro es sumamente importante en un mundo tan dominado por los extremos y a esto debe aunarse la comprensión de los privilegios con los que se cuenta. Es muy sencillo tildar de simples ladrones a estas personas, condenarlas e incluso festejar esta tragedia detrás de una pantalla y 140 caracteres, pero es aquí donde la empatía juega un papel fundamental y es menester entender el contexto de las situaciones.


El robo no es justificable bajo ninguna circunstancia, pero entender no es lo mismo que justificar; sentir empatía por los demás no es lo mismo que hacer una apología a las acciones de los otros. Sin embargo, pensar que estas personas estaban robando por gusto o placer es invisibilizar la lucha diaria que enfrentan, es deshumanizar el sufrimiento y la precariedad con las que viven. Es momento de ir más allá de titulares llamativos, de salir de nuestra zona de confort e intentar ponernos en los zapatos de los otros (por más difícil que sea), y comenzar a analizar y exponer las problemáticas de fondo que existen en nuestro país, especialmente en estas zonas marginadas y abandonadas por el Estado. De nuevo, no quiero decir que lo que hicieron estas personas está bien, pero ¿realmente podemos culparlas por tener que recurrir a este tipo de cosas para sobrevivir? ¿Es tan sencillo como decirles “reciclen y ya”?


Mi invitación hoy es a ser un poco más conscientes y no caer en juicios de valor apresurados, dado que no siempre sabemos la verdadera realidad que rodea estos hechos. Esto lo digo como alguien que incurrió en este tipo de suposiciones, pero que se tomó el tiempo de ir más allá de esa imagen de la viveza de la gente que estaba asaltando ese camión cisterna. Comprendo también que muchos dirán que la miseria no justifica que las personas roben y es cierto, pero, de nuevo, pensemos en qué tan desesperada tiene que estar una persona para correr un riesgo como ese y poder llevar algo de sustento a su hogar. Que el privilegio no nos nuble la empatía.

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