• Mauricio Roa

Recuerdos y desilusiones


Hoy, luego de 5 meses de lo que posiblemente nos cambió la vida para siempre, y por siempre no me refiero a un evento apocalíptico y sin salida como lo dijo la OMS esta semana que terminó, sino porque el encierro, en alguna medida, nos cambió la forma de ver la vida. Hasta hace una semana yo pude organizar mi nueva vida, por nueva vida me refiero a m cuarto, pude salir del encierro y atasco mental en el que estaba y aunque todavía me cuesta, trato de salir adelante. Trato…


Mientras han pasado las semanas siempre ha habido un común denominador en mis pocas rutinas: el mirar mi galería. Ver cómo era la vida antes. Ver cómo podíamos vivir. Sentir qué era no vivir con un miedo constante a la muerte propia o ajena. Porque si les soy sincero, me remito a las fotos y videos que tengo, porque la nueva realidad, ya sea temporal o definitiva, me consumió mis recuerdos. Aquí me llega a la mente la razón por la que soy fotógrafo, o lo era, ya no lo sé. Una fotografía tiene en su esencia la eternidad. Desde ya hace más de 5 años me he dedicado a capturar las calles de Bogotá y precisamente ese es el lugar al que, en teoría, no se debería ir: la calle. Me cuesta ver los pasados retratos de la ciudad. Cuando no había registro de tapabocas o distancia social, o cuando la angustia y miedo por el otro no se sentía en el latir de cada esquina. Creo que todos tendríamos una infinidad de cosas que extrañamos de la vida pasada, y tal vez aferrarnos a esos recuerdos es lo que nos mantiene en pie, o para algunos, tratar de mantener en pie.


Las memorias han jugado un papel clave en este cambio drástico. Pero también pueden actuar como un auto-dopaje frente a lo que sucede. Pueden haber personas que vivan de sus recuerdos y por eso mismo se encasillan en ellos de forma que no existe algo más a su alrededor. O existen también aquellos que son conscientes de la nueva realidad pero no niegan que esos recuerdos puedan volverse a recrear en un futuro. Y por último hay quienes sencillamente les importan una mierda cualquiera de las dos opciones. Cada quien ha venido decidiendo de qué manera puede sacar fuerza para seguir. A mí me ha costado.


Aunque mi galería ha sido mi máxima compañía, no niego que a veces me siento frustrado por el hecho de que esta pesadilla nunca termine. Porque en un país como el nuestro, donde la necesidad abunda y la corrupción no falla, no veo más que un hecho apocalíptico. Mi horario biológico ya sabe que a las 5:00pm, cuando el Ministerio de Salud saca el reporte de nuevos casos diarios, es otra desilusión más. Desilusión en saber que nada mejora, que hay seres humanos muriendo por el virus y otros por hambre. Que todos estamos esperando un “pico” que tal vez nunca llegue, o no en un cercano plazo. Que a las 6 de la tarde tenemos un inútil presidente haciendo propaganda política barata y haciendo como si nada pasara. Que si bien hay avances en diferentes vacunas, no hay nada seguro. Que estamos al borde de una nueva Guerra Fría entre China y USA. Que hay caravas de uribistas en las calles de Colombia. Que todo pasa y nada se queda. Una desilusión en la humanidad. Una desilusión en mí por no poder hacer nada, por estar estancado. Por ver cómo la vida avanza y yo no puedo ir tras ella. Por ver cómo los recuerdos cada vez son más borrosos y yo ya no me reconozco. Pero recuerden que trato de salir adelante. Trato..


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