• Sergio Enrique Mosquera Córdoba

Recuerdos de mi primera pandemia




La llegada del COVID-19 a Colombia más allá de las cifras de contagios, recuperaciones y muertes -lamentablemente-, ha dejado al descubierto una serie de problemáticas estructurales de diferentes dimensiones que, aunque habían sido identificadas hace mucho tiempo, nunca habían sido tan alarmantes como en este contexto.


Este era un año clave para la materialización de las demandas sociales que hicimos los marchantes el año pasado, no obstante, el Coronavirus no frenó la protesta, por el contrario, expuso sus motivaciones. Hoy podemos afirmar que los problemas sociales, políticos y económicos que tenía Colombia y en general los países de la región continúan también en la crisis de la pandemia y seguramente seguirán ahí cuando esta deje de ser el centro de atención.


Por un lado, encontramos la realidad de las clases sociales en Colombia, en donde quedó más que evidenciado que en una sociedad tan desigual como la nuestra el estar completamente en cuarentena es un privilegio al que no muchos pueden acceder; esto hasta el punto que hemos podido darnos cuenta de que existen sectores sociales y económicos que dependen completamente de las transferencias que les realiza el Estado a modo de subsidio para alcanzar su mínimo vital –y eso, en muchos casos no lo alcanzan-.


La brecha social -la latente desigualdad que aqueja a millones de colombianos- que ha quedado al desnudo con todo esto no se limita solamente a una dimensión, es algo que va desde el disparo de denuncias de casos de violencia intrafamiliar, pasa por las deficiencias del precario sistema de salud que tenemos y finaliza, al menos por ahora, en los casos de pobreza, marginalidad e informalidad; no obstante, dentro de estos casos ha quedado en evidencia la pobreza oculta, que hoy vemos es un fenómeno reiterativo en casi todas las ciudades del país.


Cada día se hace más necesario que se tomen medidas tendientes a solucionar el problema por el que están pasando las mujeres en la cuarentena: encontrar la manera de disminuir y en lo posible erradicar la violencia intrafamiliar y por supuesto de balancear los trabajos del hogar. Además, para nadie es un secreto que hace un tiempo se dispararon la xenofobia y los tratos discriminatorios a los migrantes venezolanos. Esta situación se ha visto agravada con los cierres parciales de las fronteras dado que muchos ante el escenario del covid-19 han optado por regresar a su país y solamente lo están logrando por medio de pasos controlados a tal nivel que se ha limitado la cantidad quienes pasan de Colombia hacia Venezuela, de miles a cientos.


Lo cierto es que el Coronavirus es una bomba de tiempo para los más vulnerables, en la medida en que los efectos sociales que estamos viendo cambiarán con el transcurso del tiempo: lentamente los subsidios del Estado irán desapareciendo, las empresas ya se están reorganizando a razón de las nuevas realidades económicas del país y es más que claro que el desempleo está en aumento.


Las problemáticas descritas merecen la atención de todos como sociedad y de nuestros gobernantes actuales; no podemos permitir que una vez se supere la crisis todas queden nuevamente en el olvido colectivo. No obstante, a su vez esta pandemia nos ha permitido ver lo bueno que hay en el corazón de la mayoría de los colombianos, se ha presentado a nivel nacional un movimiento de solidaridad del que por lo menos nuestra generación no tiene precedentes; jóvenes de todo el país están liderando iniciativas sociales que están permitiendo hacer esta crisis más llevadera para muchos.


Hace unos días mi amiga tuitera dijo: “Esta cuarentena ha sacado lo mejor de algunos, pero también lo peor de otros. Solo que, de esos otros, lo que nos sirvió fue para ratificar”, son nuestras acciones las que indican en qué lado nos encontramos.


Hoy estamos en un escenario en el que tanto el Presidente de la República como los Gobernadores y Alcaldes deben elegir entre dos caras de una misma moneda: propender por la vida y la salud de las personas o salvar la economía; a su vez nosotros como ciudadanos debemos encontrar la manera de mantener viva la llama de la esperanza y continuar apoyándonos unos a otros, después de todo ¡de esta solamente podremos salir juntos!


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