• Angelo Cifuentes

¿Por qué Trump va a ganar las elecciones?

Trump es un fenómeno mediático que se reinventa constantemente. Ante cada situación problemática, ha logrado crear narrativas en torno a las cuales sus seguidores se adhieren fácilmente.
 

En la noche del 16 de junio de 2015, los transeúntes del 725 de la Quinta Avenida de Nueva York escucharon el eco de una consigna que seguirían oyendo a diario durante los siguientes 18 meses: “Make America Great Again”. El excéntrico magnate de 68 años, Donald Trump, anunciaba desde la ‘Torre Trump’ su candidatura a la presidencia de Estados Unidos. Desde entonces, no ha habido una sola semana en la que el actual presidente no haya conmocionado los medios de comunicación de todo el mundo. Ya sea con una declaración polémica en campaña -si es que en algún momento ha dejado de estar en campaña- o con una decisión escandalosa en su mandato, el presidente Donald Trump nos ha mantenido entretenidos a los ciudadanos de distintos países hablando de él. Y aunque la opinión generalizada, y cierta, es que es un líder populista, irresponsable y que no respeta la institucionalidad, sus índices de aprobación internos nunca han caído considerablemente. De hecho, a finales de marzo, cuando ya enfrentaba la llegada del COVID-19 al país, Trump alcanzó sus mejores cifras: el 49% de los ciudadanos estadounidenses aprobaban su gestión, según la prestigiosa encuesta Gallup (Cillizza, 2020).


Ante esto, la pregunta natural es que si Trump ha acumulado una cantidad incontable de acciones irresponsables, antiliberales y xenófobas que nos han enseñado cuál es su talante ¿por qué aún no ha sido superado por sus propias extravagancias? Porque, lejos de ser su gran problema, han sido su gran virtud para mantenerse vigente entre sus electores.


Trump es un fenómeno mediático que se reinventa constantemente. Ante cada situación problemática, ha logrado crear narrativas en torno a las cuales sus seguidores se adhieren fácilmente. Puede ser a través de fórmulas efectistas, como el “Obamagate”, un presunto escándalo que nadie sabe qué es, pero que por lo mismo es susceptible de validar cualquier suspicacia que se tenga sobre la figura de Obama. Puede ser, también, mediante símbolos estrafalarios, como el que protagonizó recientemente cuando ordenó retirar a los manifestantes que protestaban por la muerte de George Floyd, para luego posar frente a la iglesia de St. Jhon’s levantando una biblia. O, incluso peor, con decisiones irresponsables que tienen severas consecuencias globales, como la de dejar de financiar a la OMS, adjudicándole la responsabilidad de no haber controlado adecuadamente la propagación del coronavirus. En fin, todo un inventario con el que Trump ha logrado mantenerse como el centro del debate político. Una habilidad para nada despreciable en pleno siglo XXI.


El economista francés Alain Minc dice que, para un hombre de Estado, actuar y comunicar constituyen las dos caras de una misma realidad. Lo que equivale a decir que en política no sólo es importante hacer cosas, sino mostrar que se hacen cosas. Y en esto, Trump sí que es un experto. Puede que sea un pésimo presidente, pero es, para nuestro pesar, un excelente comunicador. Y esto es particularmente difícil en tiempos de la posverdad, en que sobreabundan la desinformación y las mentiras. De hecho, es uno de los principales problemas de muchos gobiernos, como el de Iván Duque, que alega resultados positivos en distintos indicadores, pero que es incapaz de hacer que estos pasen de ser simples números de oficina a convertirse en relatos convincentes con los que los ciudadanos se sientan identificados.


Justo eso es lo que Trump sabe presentarle a sus seguidores, y lo que está intentando ofrecerles para contrarrestar las críticas que le ha dejado su mala gestión de la pandemia. En un artículo reciente del ‘Washington Post’, se supo que sus asesores, ante el aumento exponencial de muertos por coronavirus, le recomendaron disminuir la cantidad de ruedas de prensa, a lo que él contestó: “Por favor, todo el mundo ama las ruedas de prensa”. ¿Debería sorprendernos? No, después de todo, esa es su forma de gobernar: buscar continuamente golpes de opinión que no nos dejen otro tema de discusión que no sea él. Y ese es el camino que está siguiendo en su búsqueda por reelegirse. Su intento más novedoso ha sido tratar de emular el discurso que le dio la victoria a Nixon en 1968. Una apuesta atrevida, pero, sobre todo, perjudicial para un Estados Unidos más dividido y afectado que nunca. Sin embargo, eso parece no importarle a Trump, que en las últimas semanas nos ha repetido hasta el cansancio el famoso “Law and Order”. Y si a esto se le suman algunos hechos recientes -e inesperados-, como que en mayo se crearon 2,5 millones de trabajos (Laborde, 2020), Trump va a seguir encontrando poderosos sustentos para alimentar su retórica.


Por si esto fuera poco, en esta columna he omitido todas las facilidades que tiene un presidente para crear estructuras electorales e influir en las reglas de juego. En fin, la capacidad institucional que tienen todos los jefes de gobierno, pero que, unidas con unas excelentes habilidades comunicativas, resultan en una tremenda combinación entre poder y mensaje, que lo que nos auguran son otros cuatro años más de Donald Trump.

 

Bibliografía


  • Cillizza, C. (26 de Marzo de 2020). CNN ESPAÑOL. Obtenido de CNN ESPAÑOL: https://cnnespanol.cnn.com/2020/03/26/en-este-momento-el-presidente-trump-es-mas-popular-que-nunca/

  • Laborde, A. (5 de Junio de 2020). El País. Obtenido de El País: https://elpais.com/economia/2020-06-05/el-paro-en-estados-unidos-baja-sorpresivamente-al-133-en-mayo.html


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