• Raquel Cardoso

Persépolis y las mil formas de encontrar la política en nuestras vidas


Hace poco leí la novela gráfica “Persépolis”, autobiografía de Marjane Satrapi, en donde cuenta su historia de vida, desde sus experiencias como mujer iraní en medio de la guerra y la Revolución Islámica. Desde que vi la película hace unos años, me sentí cercana a la historia de Marjane, tal vez por ser una mujer que también ha crecido en un país en guerra, aunque he tenido el privilegio de no haberla vivido tan cerca como ella.


Al pensarlo un poco más, me di cuenta que más allá de sentirme identificada directamente con la vida de Marjane, lo que hizo que su testimonio fuera cercano para mí, fue la forma como contó su vida cotidiana e hizo evidente que su historia no se puede separar del contexto de Irán. Es decir, que esto no sólo sucede en el caso explícito de Marjane, en medio de la guerra o una dictadura, sino también en mis acciones diarias y en las de cada ciudadano y ciudadana: las historias de vida son políticas.


Desde nuestro punto de vista occidental, estamos acostumbrados a diferenciar muy bien el ámbito privado del público. Se puede decir que es uno de los “fundamentos” de nuestra sociedad. Usualmente situamos lo político y las acciones colectivas dentro de lo público, y dejamos para lo privado nuestras acciones y decisiones más personales. Sin embargo, las fronteras entre la esfera pública y privada cada vez son más difusas.


Especialmente desde el feminismo, se ha reivindicado lo personal como un acto político, y es cierto; nuestras acciones están influenciadas directa o indirectamente por relaciones de poder que ejercemos o ejercen sobre nosotros. Lo político está presente desde cuestiones como escoger el candidato para la presidencia, hasta en acciones tan cotidianas como elegir la ropa que nos pondremos o la foto que subiremos a Instagram. Cuando tomamos estas pequeñas decisiones, estamos influenciados por tendencias o “trending topics” que hacen parte de una gran red de relaciones de poder que se extiende hasta las esferas más altas de la economía o el poder estatal. Para profundizar en este tema, recomiendo el podcast “La política en el espejo” de la politóloga Alicia Peñaranda, en donde se analiza la relación de la política con situaciones cotidianas de nuestra vida como el amor, el deporte, la cocina y la familia.


En regímenes autoritarios como en el que vivía Marjane, en Persépolis, son mucho más evidentes estas relaciones de dominio, en donde el Estado y sus representantes en el gobierno, controlan a través del miedo las formas de vestir, comportarse y vivir en sociedad. En nuestro contexto estas relaciones están muy interiorizadas en instituciones base, como lo son la familia, los colegios, universidades y espacios laborales. Incluso, en países como Colombia, pueden encontrarse estructuras de poder más difíciles de transformar, ya que no sabemos que están presentes en las relaciones que establecemos en nuestra vida cotidiana.


Después de darnos cuenta que en nuestras historias hay política, es importante reconocer que donde existen relaciones de poder, también existen actos de resistencia. Marjane lo identifica rápidamente en su historia personal, y desde muy pequeña realiza acciones de resistencia contra el régimen de Irán, escuchando música extranjera, adaptando su vestimenta, y en aspectos más importantes aún, como tener control sobre su vida sexual. Sin embargo, en un momento ella se cuestiona si realizando estos actos, o tratando de ocultarlos, no se le estaban olvidando otros temas más relevantes, como las libertades de expresión y pensamiento, lo que la llevó a darse cuenta cómo, a través del miedo, la dictadura ejercía poder sobre la población y podía hacerlos perder su capacidad de análisis , dando significado a sus pequeñas acciones como verdaderos actos de rebelión.


En nuestro caso, tenemos tantas “libertades” para escoger lo que escuchamos, vestimos o sentimos, que a largo plazo a veces se nos olvida cuestionarnos por el panorama más amplio de derechos y el sistema en el que vivimos. Nuestra capacidad de análisis no se pierde mediante el miedo y la imposición de un único estilo vida sino al contrario, se pierde cuando nos quedamos pensando en las miles de opciones que tenemos, o damos por hecho nuestras libertades, sin darnos cuenta bajo qué relaciones de poder vivimos. Estamos tan inmersos en el día a día, en todas las oportunidades que se nos presentan, que perdemos nuestra capacidad crítica en medio de los estándares de productividad que nos exige nuestra sociedad, tanto así, que tomarnos unos momentos para pensar y analizar nuestra realidad significan verdaderos actos de rebelión, al igual que las pequeñas acciones de Marjane.


Al asumir nuestras acciones cotidianas como acciones políticas, podemos actuar de una forma mucho más consciente y consecuente con el proyecto de vida que tengamos, cualquiera que este sea. Dejar de ver la política como decisiones que toman un grupo de personas en el gobierno o dejar de decir que somos seres apolíticos, nos permite reflexionar sobre las relaciones de poder en nuestro entorno, nos da la posibilidad de hacer actos de resistencia para defender lo que creemos, desde acciones que están a nuestro alcance, en nuestro diario vivir. Identifiquemonos con Marjane, resistamos, analicemos y actuemos.


Entradas Recientes

Ver todo