• Andrea Luque

Multilateralismo: Endgame


Las malas decisiones que Estados Unidos ha tomado en los últimos cuatro años, explicadas en la primera parte de este artículo (Multilateralismo: Infinity War), han contribuido a la inevitable pregunta si China se convertirá en el nuevo líder mundial. Comenzamos a ver las ganas de liderazgo de Xi Jing Ping, que realmente son solo el comienzo de un nuevo liderazgo chino en el mundo, pero que aún hoy en el 2020 no es suficiente para llenar vacíos que Estados Unidos dejó.


Sin mencionar los cuestionamientos hechos por la OMS y miembros de la comunidad internacional, aún existen muchos obstáculos tanto internos como externos para que China realmente se posicione como líder mundial. Por ende, la afirmación de “China se está volviendo el nuevo líder mundial” es solo parcialmente cierta. En mi opinión, China está ejerciendo otro tipo de liderazgo, pero aún lo atan visiones arcaicas y complejas de desaprender, sin demeritar su creciente influencia económica, tecnológica e incluso militar (principalmente en Asia). Aún así, si ampliamos el contexto de dicha influencia, nos damos cuenta que aún hoy, los aliados de China en las diferentes regiones del mundo no tienen comparación con los de Estados Unidos o la Unión Europea.


Así, nos encontramos con unos años en los que los países cooperan entre sí, pero con una creciente desconfianza hacia las instituciones internacionales y el multilateralismo. De hecho, esa desconfianza que viene de un descontento de la población hacia el sistema globalizado, es solo uno de los factores que han contribuido al decaimiento del multilateralismo. Amrita Narlikar, presidenta del Instituto Alemán de Estudios Globales, nos habla de otros dos factores que son; la falta de narrativas a favor del multilateralismo y la insuficiencia de las reglas actuales del mismo para enfrentar nuevos retos. Esto conlleva a que el mundo se vea fragmentado en casi todos los niveles porque esta desconfianza es contagiosa. Agregando leña al fuego, crecen las tensiones por parte de ciertos grupos sociales frente a los gobiernos que en algunos casos justifican sus decisiones apelando a la globalidad de ciertas problemáticas. Sin embargo, al final caen a oídos sordos por ese mismo descontento mencionado anteriormente, por ejemplo la respuesta de Macron hacia las multitudinarias protestas en las que han participado los chalecos amarillos durante el 2019.


Así las cosas, entramos al 2020 con un escenario bastante sombrío, aunque con algo de esperanza. Pero en medio del caos, una pandemia pone patas arriba hasta lo más central de nuestra esencia humana, nos empezamos a cuestionar cosas de todo tipo y experimentamos casi que una crisis existencial universal y colectiva. Miramos a nuestros científicos en busca de respuestas que no llegan lo suficientemente rápido y la incertidumbre nos carcome a la espera de que la pandemia llegue a nuestros países. Es una inevitabilidad, pero aún así difícil de creer, como si estuviéramos en un universo alterno.

Miramos a nuestros líderes buscando consuelo y en su lugar sólo encontramos la verificación que estamos en un momento de la historia sin precedentes en un mundo globalizado, y que tanto ellos como nosotros nos encontramos en la inopia total. Buscamos humanidad en esta nueva realidad. Contacto por medio de la tecnología, como si fuera el sueño realizado de un autor distópico. Y miramos nuevamente al sistema internacional. Solo para quedar decepcionados.


“Las organizaciones internacionales no sirven para nada.” Esta frase me ha acompañado desde que me interesan las relaciones internacionales. Para mí, es una provocación porque me considero de corriente liberal institucionalista, pero no soy ciega como para ignorar la complejidad de esta frase y la facilidad con la que se confunden las organizaciones internacionales como si fueran el sistema completo y no parte del mismo. Sin embargo, mi respuesta automática ante esta frase es “Claro que funciona, pero no es un sistema perfecto.” La razón por la que puse esta frase en particular es porque así mi idealismo no lo quiera aceptar, la cooperación internacional y el multilateralismo ha sido, para ponerlo en palabras generosas, deficiente en los últimos años.

La falta de compromiso con las instituciones internacionales que de por si no son son perfectas y carecen de recursos en momentos como este, hacen que sea más complicada la recolección de información, o que simplemente sean instituciones que pareciera como si no tuvieran velas en este entierro. Esto lo podemos rastrear a la ineficiencia de las normas multilaterales para lidiar con retos nunca antes vistos. Tal vez una de las decepciones más grandes ha sido el rol del Consejo de Seguridad, que más bien ha brillado por su ausencia en estos momentos de crisis. Esto se debe a que, en sus reglas obsoletas aún perdura la visión posguerra que no refleja la distribución de poder en un mundo globalizado, siendo casi imposible encontrar consensos en el órgano sobre cómo afecta esta situación a la paz y seguridad mundial.


Entonces, ¿Qué nos queda? ¿A dónde vamos con todo esto? ¿Y cuál es el panorama para lo que queda del año y los que vienen?


Como muchos de nosotros que pasamos el tiempo entrando en cursos, y webinars sobre diferentes asuntos, parte de la respuesta viene precisamente de uno de esos webinars, dirigido por Susana Malcorra, ex Jefe de gabinete del Secretario General de la ONU Ban Ki Moon. En este recalca que existen dos posibles vertientes; la primera es que las generaciones que vienen e incluso las que actualmente se encuentran en posiciones de influencia, logren un cambio positivo en cómo se ve la cooperación internacional y se afiancen las relaciones tanto con las instituciones como entre los países y las regiones. La segunda posibilidad es que continúen creciendo los movimientos radicales autoritarios con mayor rapidez. Siendo honesta, no se me hace descabellado pensar que estos dos escenarios tengan posibilidades relativamente similares de ocurrir, después de todo, si miramos el concepto de "crisis" bajo una visión aristotélica de la palabra, encontramos que "crisis" habla de un momento decisivo en donde se puede ocasionar “gran daño, o gran cambio”. Y eso es justo lo que estamos viviendo en estos momentos: la posibilidad de lograr un gran cambio, o un daño a nuestra forma de vida durante y después de la pandemia.


Así las cosas, ¿Existe un lado optimista de todo esto? Puede ser. Pero el optimismo no va a ser suficiente para salir de este rollo. Todos los que ahora tenemos aspiraciones de ser agentes de cambio, tenemos que apropiarnos de las causas que nos apasionan. El cambio de mentalidad será gradual, pero tiene que ser constante para que repercuta en altas esferas y se comience a restablecer la confianza en el sistema internacional, sin regresar a prácticas obsoletas que causen más daño a los países más vulnerables y su gente. Estas nuevas concepciones vendrán de los jóvenes (por lo menos una parte). Y lo que voy a decir, así suene burdo, es algo que de vez en cuando tenemos que escuchar; los jóvenes tenemos que tomar cartas en el asunto para que paren de manipularnos como se les da la gana, porque finalmente somos nosotros los que viviremos las consecuencias de la incompetencia y mediocridad de aquellos que actualmente tienen el poder de tomar decisiones críticas para nuestro futuro. Diplomáticos viejos y acreedores de medidas que han fracasado una y otra vez, no nos sirven. Es importante decir que ser innovador no es sinónimo de ser joven, pero sí tenemos que procurar serlo y abogar por cambios estructurales que son indispensables para que no se acabe el mundo antes de cumplir 30.


Realmente es difícil saber hacia dónde vamos durante y luego de la pandemia porque son demasiados factores que debemos tomar en consideración. Dicho eso, considero que por más que la situación sea urgente, el panorama no va a cambiar mucho en lo que queda de este año y el siguiente, en lo que concierne a las reformas más radicales pero necesarias a las reglas del multilateralismo. Es probable que vivamos consecuencias económicas que van a exacerbar problemáticas sociales sobre todo en países en desarrollo, y que erosionen más profundamente las estructuras de gobierno. Puede haber un retroceso en algunos de nuestros derechos al darle al estado más libertades sobre nuestra privacidad e integridad. Puede que las prácticas neoliberales solamente se solidifiquen como aquellas que nos lleven a la realización individual o, puede ser que sea esta pandemia la que nos abra los ojos a los peligros de tener mandatarios incompetentes y nos incite a la implementación de prácticas más sostenibles en nuestro diario.


Lo que sí es cierto, es que esto va para largo, y aunque nuestra realidad será radicalmente diferente, eso no significa que nos limitemos a simplemente existir. Debemos actuar y tener incidencia. Ya sabemos lo peligroso que es tener líderes que no saben ni donde están parados, y para que en el escenario internacional empiece a haber conversaciones encaminadas a una verdadera reforma de las prácticas multilaterales, tenemos que iniciar por nuestros propios líderes. A veces es desalentador pensar en algo tan grande como el sistema internacional. Pensar que realmente tenemos una incidencia es hasta cierto punto, inimaginable, pero sí la tenemos; y para que no nos carcoma la ansiedad de importar, ni el pavor por no hacer suficiente, si algo nos ha demostrado la respuesta de la comunidad internacional y las organizaciones internacionales a la pandemia del nuevo coronavirus, es la interdependencia entre el nivel internacional con el nacional y hasta particular de cada líder. Nuestra incidencia no es ir y hablar en foros internacionales; es estar informados para elegir a los líderes correctos y luchar por las causas que van a favor de nuestros intereses.


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Referencias:

- Trump hates the international organizations that are the basis of U.S. wealth, prosperity and military power. (2018). Recuperado de https://www.washingtonpost.com/gdpr-consent/?next_url=https%3a%2f%2fwww.washingtonpost.com%2fnews%2fglobal-opinions%2fwp%2f2018%2f07%2f02%2ftrump-hates-the-international-organizations-that-are-the-basis-of-u-s-wealth-prosperity-and-military-power%2f

Babones, S. (2020, abril 24). In the Post-Coronavirus World, Chinese Power Is Overrated. Recuperado de https://foreignpolicy.com/2020/04/14/in-the-post-coronavirus-world-dont-write-off-american-leadership/

Global Leadership Is in Quarantine Just When It Is Needed Most. (2020). Recuperado de https://www.worldpoliticsreview.com/articles/28624/global-leadership-is-in-quarantine-amid-the-coronavirus-pandemic

King, S. (2017, julio 5). KING: Here’s why the United States is not the best country in the world. Recuperado de https://www.nydailynews.com/news/national/king-united-states-not-best-country-world-article-1.3303665

Narlikar, A. (2020, abril 26). The malaise of multilateralism and how to manage it. Recuperado de https://www.orfonline.org/expert-speak/the-malaise-of-multilateralism-and-how-to-manage-it/#_ednref2

Pascal, A. (2019, septiembre 23). Against Washington’s ‘Great Power’ Obsession. Recuperado de https://www.theatlantic.com/politics/archive/2019/09/multilateralism-nearly-dead-s-terrible-news/598615/


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