• Federico Freydell

LA RENTA BÁSICA ¿UN CONCEPTO VIABLE?



El tema económico de moda en Colombia parece ser la renta básica como fundamento de la recuperación económica. Un concepto que ha existido de una u otra forma en los extremos de la política económica en varios países (especialmente en Estados Unidos, donde era la principal plataforma del candidato demócrata Andrew Yang, y en Canadá, donde desde los setenta se ha pensado en una forma de crédito social como la principal forma de financiación a los hogares más pobres) se ha vuelto generalmente aceptado en varios sectores de la sociedad debido a la pandemia, debido a la crisis de ingresos y consumo que enfrentan muchas personas en el día a día.

En Colombia, la lucha por la renta universal ha sido doble; en parte, el gobierno Duque ha tenido un grado de aceptación a esta propuesta, llegando a aportar pequeños subsidios a personas desempleadas, de estratos socioeconómicos más bajos, y con la intención de reactivar el consumo. Por otra parte, la oposición (tanto figuras moderadas como Iván Marulanda como figuras más radicales, como Aída Avella) parece haberse puesto de acuerdo en un plan de reactivación económica que depende profundamente en la entrega de una renta básica universal a una proporción de colombianos altísima - según algunos estimados, unos nueve millones de habitantes, los más vulnerables económicamente, y que están establecidos en relación a principios constitucionales esenciales - particularmente, el derecho al mínimo vital, reconocido como fundamental a través de la jurisprudencia constitucional.

El debate público ha sido poco, pero se ha manejado, primordialmente, a través de cuestiones con relación a cómo se puede lograr financiar un gasto estatal que, bajo cualquier apariencia, sería enorme; de lejos el mayor gasto social del Estado. Sin embargo, esta perspectiva es un poco reduccionista. Si bien es cierto que la renta mínima sería una carga demasiado pesada para nuestro sistema fiscal actual, también es cierto que esto es más una crítica hacia este sistema fiscal que un problema estructural de la idea. Colombia tiene un sistema tributario extremadamente ineficiente, mal concentrado y regresivo, que ni siquiera logra imponerles cargas tributarias efectivas más altas a las clases más pudientes del país que a los estratos más bajos; una directa violación al sistema constitucional del país. La imposición de la carga tributaria claramente exigiría una reforma al sistema tributario, pero es una reforma que en cualquier caso se debe lograr. La carga tributaria en el Primer Mundo es muchísimo más progresiva y mayor (como se puede observar en varios informes de la OCDE), y es bien sabido que incluso en el primer mundo las cargas tributarias están en un mínimo histórico, que puede subir; en los años 60, había tasas efectivas impositivas que superaban el 95% en Estados Unidos y el Reino Unido. El problema no es la factibilidad económica.

Lo realmente peligroso de la renta básica universal es que es un arma extremadamente versátil, y así como tiene un filo progresista y garantista de los derechos humanos, del mínimo vital de la población y de la estabilidad económica de los menos favorecidos, también tiene un filo profundamente conservador, que busca reemplazar todos los servicios públicos por una renta mínima, y abandonar a cada individuo a las suyas en una mecánica del mercado. Esta renta mínima derechista, la del Crédito Social canadiense, es una que no sólo es completamente regresiva (lo mismo se da al más pobre y al más rico), sino que también suele ser financiada por impuestos al consumo (como lo suelen ser las inversiones en Colombia) e implica la destrucción del Estado de Bienestar.

La renta universal, claramente, es un elemento muy tentador. Y efectivamente, cuando está bien manejado, puede ser un buen elemento tanto para la reactivación de la economía nacional como para reducir las notorias desigualdades y problemas del sistema económico nacional. Pero debemos tener cuidado al momento de acceder a estas políticas. En el peor de los casos, pueden hacer todo lo contrario a lo que prometen.

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