• Santiago Cárdenas B

Así ganen, la hipocresía sigue en el fútbol femenino




Hace algunos días Colombia competía contra Australia y Nueva Zelanda por ser la sede de la próxima Copa Mundial femenina del año 2023. La elección fue ganada por los oceánicos con un resultado de 22 a 13 votos por parte del Consejo de la FIFA (FIFA Council).


Colombia no estaba lista para albergar una competición como lo es el Mundial femenino. En la calificación que dio la FIFA sobre los escenarios que acogerían los partidos fue pésima; el promedio de calificación fue 2,5 sobre 5.


Absolutamente rajados en escenarios para esta competición se destaca el 1,9 de Cartagena, ya que no cuenta ni siquiera con la capacidad mínima de 20.000 espectadores. El 2,2 de Bogotá sorprende, ya que era el escenario elegido para acoger la final y no cumple con el mínimo de 50.000 asientos para el partido decisivo. El estadio con la mejor calificación fue el Hernán Ramírez Villegas de la ciudad de Pereira, que con un 2,9 fue el único que se acercó al mínimo para ser aceptado por la FIFA.


Si bien estos escenarios tendrían mejoras para el momento del campeonato, la situación actual demuestra la desigualdad que hay en el país; tomar dineros para adecuar escenarios deportivos y no para ayudas a familias de escasos recursos o para fortalecer los sistemas de salud. La situación del país frente al COVID-19 impide pensar en cómo desarrollar obras en tiempo record, ya que, por el mismo virus, es complejo agilizar estas obras.


Tampoco merecíamos ser sede del Mundial femenino, porque el comportamiento de los dirigentes hacia las jugadoras ha sido deplorable. Tras jugarse la primera liga femenina de la historia en 2017, en 2018 parecía que la liga tomaba fuerza, se aumentó el número de equipos de 18 a 23. Se dio un torneo serio y de nivel, tanto así que el Atlético Huila, quién ganó el campeonato colombiano, participó en la Copa Libertadores Femenina y la ganó. Siendo este el logro más importante en la corta historia del fútbol femenino colombiano. Uno al ver estos logros en tan corto tiempo esperaría que el torneo tuviera mayor protagonismo, que la brecha con el fútbol masculino empezaría a reducirse, pero pasó todo lo contrario.


Pareciera que el obtener títulos fuera motivo para hacer una liga menos profesional y no dignificar a las jugadoras profesionales. Para 2019 se pensaba, que se podía cancelar la liga por un escándalo de acoso sexual. Al final, se jugó un torneo de 3 meses, donde la continuidad de las jugadoras hace que sea complicado el tema de la profesionalización de mujeres en el fútbol. A inicios de 2020 se discutía si se iba a realizar el torneo, finalmente se dio el visto bueno por parte de los dirigentes pero sin ninguna fecha concreta. Empezó la crisis sanitaria por el coronavirus y el tema de la liga femenina quedó en veremos, e incluso en varios equipos han tenido que renunciar a su salario y a condiciones laborales dignas.


Con lo anterior queda evidenciado que no merecíamos organizar el Mundial femenino. Si bien tuvimos una experiencia positiva con el Mundial Sub 20 de 2011, la dirigencia no ha actuado con interés frente al fútbol femenino. También queda claro que además de lo deportivo, en infraestructura estamos sumamente “rajados”. Si se pretende realizar este tipo de eventos, se debe tener una hoja de ruta, que evidencie en la presentación y en la realidad el deseo por realizar estas competiciones que ayuda a muchos sectores, aparte de deportivo, como lo puede ser el turismo. La presencia de mujeres en la dirigencia del fútbol podría ser el primer paso para confirmar un verdadero interés sobre el fútbol femenino y dejar de lado a los mismos nefastos dirigentes de siempre.


Entradas Recientes

Ver todo