• Federico Freydell

La fracasomanía de la oposición

Así falten poco menos de dos años para que se abran los comicios para reemplazar a Iván Duque en lo que él bien llama la “primera magistratura de la Nación”, es innegable considerar que ya se están abriendo las barajas de diferentes partidos y movimientos políticos que buscan reemplazar al Presidente en la Casa de Nariño. Es interesante tener en cuenta que, de los candidatos que ya se han decantado, tres (Sergio Fajardo, en 2010 y 2018; Gustavo Petro en los mismos años y Camilo Romero en 2014) ya han sido precandidatos o candidatos oficiales para la campaña presidencial.



Algo que no genera mayor suspicacia o duda dentro del sistema político colombiano sería la excepción, y no la regla, en el resto de los países democráticos del mundo. Es común que los líderes políticos, salvo que atribuyan su derrota a eventos excepcionales, renuncien luego de una pérdida electoral; mucho más si es una pérdida tan sonora como, por ejemplo, la de Fajardo, candidato que no llegó a segunda vuelta, o la de Petro, candidato que perdió por un margen mayor a 15 puntos a nivel nacional. Usualmente se considera que los candidatos que pierden tan sonoramente lo hicieron porque el pueblo rechazó contundentemente cualquier mandato por parte de estos personajes. El período postelectoral suele, entonces, ser un momento de renovación y cambio interno de los partidos perdedores, uno que les permite realizar acciones de autocrítica y cambio para poder con mayor facilidad llegar a una posible victoria en el siguiente ciclo electoral.


Algunos lectores pensarán que esto es una reacción exagerada por parte de los dirigentes políticos de los demás países, una convención sin sentido generada por una excesiva personalización de la política. No hay nada, uno podría pensar, que inhabilita a una persona a volver a lanzarse luego de haber perdido una vez en las elecciones.


Los lectores que opinen esto tienen toda la razón en un punto; es, y siempre será, un derecho fundamental de toda persona la posibilidad de elegir y ser elegido. Sin embargo, el hecho que puedan hacerlo no implica que deberían. Efectivamente, un análisis de los candidatos en otros países que, por así decirlo, se hicieron una Fajardo/Petro demuestra un elemento muy claro: casi que sin excepción, esos candidatos empeoran en sus resultados en el siguiente ciclo electoral. Entre estos casos, podemos ver:


  1. Bernie Sanders, héroe del movimiento progresista en Estados Unidos y a nivel internacional, perdió por relativamente poco en 2016 en las primarias de su partido contra Hillary Clinton, sacando 43.13% y 13 millones de votos. Cuando se volvió a lanzar en 2020, era ampliamente posible esperar que Sanders mejorará sus resultados, e incluso ganara la nominación republicana. Ocurrió todo lo contrario; Sanders perdió 4 millones de votantes, y sacó tan sólo 26.62% del voto en las primarias contra Joe Biden.

  2. De la misma forma, Hillary Clinton, tras perder las primarias demócratas en 2008, decidió volver a lanzarse en 2016. Lo que inicialmente parecía una excepción a esta tendencia general resultó en la pérdida de las elecciones por parte de Clinton contra Donald Trump en 2016.

  3. Jeremy Corbyn, radical líder del Partido Laborista en Gran Bretaña, que había, sorpresivamente, quedado tan sólo a 2.4% de Theresa May y los conservadores en 2017, se quedó como líder de su partido luego de la estrecha derrota electoral, pensando que el surgimiento en las encuestas iba a continuar hasta las siguientes elecciones generales en Gran Bretaña. Se equivocó profundamente. En 2019, Corbyn sacó 32.4% del voto, el peor resultado de su partido desde 1935.

  4. El Presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, perdió por poco (48-51) las elecciones de 2012 contra el candidato socialista, François Hollande. Tras ver el debacle que había resultado de la Presidencia Hollande, Sarkozy decidió volver a lanzarse en 2017, momento en el cual sacó tan sólo 20% del voto en las primarias de su partido, ni siquiera siendo capaz de derrotar a François Fillon, el candidato de su partido que perdió las elecciones.

  5. En España, Pedro Sánchez, tras perder las elecciones frente a Mariano Rajoy en 2015, se quedó en el mando para las elecciones posteriores. Sánchez perdió 5 escaños en las elecciones de 2016, y no fue hasta que tomara el control en 2017 que el Partido Socialista Obrero Español empezó a subir una vez más en las encuestas.

  6. Incluso en Colombia, tenemos el ejemplo perfecto en Horacio Serpa, el famosamente perenne candidato liberal a la Presidencia que pasó de tener 47% del voto en 1998 a 33% en 2002 y un mísero 12% en 2006. Germán Vargas Lleras, incluso tras ser vicepresidente, pasó de 11% en 2010 a 7% en 2018; Marta Lucía Ramírez pasó de tener 15% en 2014 a no ganar sus propias primarias en 2018.

La conclusión es una que deberían tener en cuenta los movimientos políticos del país: es difícil que los candidatos que han perdido alguna vez ganen en el futuro, y casi siempre pierden más y más apoyo, a la medida que pasa el tiempo y el público le coge fastidio a un candidato perpetuo.


Si la oposición en algún punto quiere volverse alternativa de poder, debe abandonar la fracasomanía que surge del caudillismo, quizás la peor herencia que tiene la “política alternativa” de la tradicional en el país. Los partidos necesitan renovación política, no una vez cada 20 años, como pareciera ser la tendencia a futuro en Colombia Humana y la Alianza Verde, sino, prácticamente, cada ciclo electoral. Es peligroso buscar reencauchar candidatos que el pueblo ya ha rechazado.

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