• Andrea Luque

El Vacío


Me llama. Generalmente sólo lo escucho en medio de la noche, cuando todo está en silencio, excepto mis pensamientos. La oscuridad siempre me ha fascinado. Tal vez sea ese sentimiento que te da cuando alguien por fin te olvidó. O incluso tal vez sea el sonido ¿Sonido? Si. La oscuridad tiene un tono peculiar que te hace estremecer hasta en lo más profundo si escuchas con atención.

He pasado los últimos días pensando en entrar a la cueva. Creo que es tiempo de ir. Hay algo intrigante sobre ella. El sonido. El olor. El vacío. Así que empaco lo esencial y me dirijo a la cueva.

En el pueblo me dicen los sabios que no debería ir. Que la cueva está maldita. Que aquellos que se atreven, nunca vuelven igual, a veces ni vuelven. Pero yo ya lo tenía más que decidido. Necesito ir.

Me quedé despierta hasta tarde la noche antes de entrar, aunque sabía que no debía. Fui al único tomadero del pueblo a tomar unas cervezas. Al caminar devuelta al carro, probablemente la última noche que pasaría en la superficie en un tiempo, un pensamiento me mantuvo consciente; ¿Importaría en lo absoluto, si vuelvo?

Cosas pasan. Un pensamiento lindo que nos libera de responsabilidad. ¿Cuál responsabilidad? Quien putas sabe. Solo sé que camino hacia la cueva. Siento mi ritmo cardiaco acelerarse al entrar al túnel principal. Mi linterna me hace compañía y me da lo que nunca sentí que tuve: una dirección en la vida.

Como dije, la oscuridad tiene un sonido particular. En este caso, es el eco de mis pasos, manteniendo el tempo de mi agitada respiración. La única melodía es el viento moviéndose en los túneles.

En algún momento me pregunto cuánta gente se ha perdido en esta cueva, pero la verdad es que no me importa mucho. Pienso en la gente que quiero. Visualizo sus caras. Pienso en mi amor...la que tuve que dejar ir, pero nunca pude del todo. Pienso en mi familia, o pues lo que queda de ella. Pienso en mi perrito.

Siento algo contra mi bota, pero no hay nada. Tal vez sea el viento.

Sigo adelante, guiada por la tenue luz de mi linterna hasta que llego a la primera pendiente.

El primer vacío.

Literal parece el inframundo. Pero ¿Saben qué? Ya ni me importa. Mientras me preparo para descender, trato de que mis manos dejen de temblar tanto. Porque lo cierto es que aún tengo miedo. Miedo de que la cuerda se rompa, miedo a caer, miedo a estar atrapada en el vacío para siempre. Al mismo tiempo, mis manos tiemblan por la emoción. Emoción de seguir descendiendo. Emoción de olvidar que todo, aparte de mí, alguna vez existió. Aseguro la cuerda a mi arnés y sin pensarlo dos veces, me lanzo al vacío.

No soy una buena persona. Lo intenté, pero al final hice que todos se alejaran de mí. Me dí cuenta que les hacía más mal que bien al quedarme con ellos, que si simplemente me perdía en el vacío. Sip, estoy evitando mis problemas. Pero la verdad permanece: nunca fui buena. Decepcioné a todo el mundo. Allá arriba fui un fracaso...tal vez aquí abajo eso valga mierda.

Hice cosas. Todas en buena fe. Todas mediocres. Algunas veces se sentía bien poder hacer cosas buenas, o que era buena en algo. Pero-

Mis pies chocan con el suelo. Trato de sacudir esos pensamientos que me invadieron de repente como un puto virus. Automáticamente, como si mis manos le pertenecieran a alguien más, suelto la cuerda, y continuo. Cada vez más y más profundo en el vacío.

El sonido cambia. Ahora no puedo escuchar el viento de la superficie, pero no tengo manera de saber qué tan profundo me encuentro. Ahora mi respiración es la melodía principal. Como un silbido suave, mientras el tempo de mis pasos se magnifica. Imaginen cantar un Aria aquí abajo. Cuánta belleza en un solo pensamiento.

Esta cueva tiene algo particular, y es que por alguna razón no hay animales. Los habitantes del pueblo dicen que es por la maldición, y puede que tengan razón, pero ¿Quién soy yo para decir si es verdad o no? Aunque hasta ahora no he visto ninguna otra presencia viva, aparte de mí. El olor también cambió. Huele a agua y minerales. Estoy segura que algún hippie vegano le encantaría, diciendo cualquier maricada sobre los olores más puros. Pero eso a quién le importa.

Me pregunto si alguien me extraña. Qué pensamiento más idiota. Puede que al principio te extrañen, pero todo es una ilusión. Siguen con sus vidas, y es mejor así. El tiempo es un concepto extraño aquí abajo. La única noción que tengo es una melodía que suena continuamente en mi cabeza. Ya ni me importa a donde me llevan mis pies...al menos hasta que me resbale.

Pego un grito mientras me deslizo sobre la roca mojada y resbalosa. De repente siento un dolor agudo en mi pierna...y caigo. Hacia la nada. Caigo y caigo, hasta que mi cuerpo se estrella con el agua. Me hundo...cada vez más y más profundo...el aire deja mis pulmones. Mi linterna aún funciona y puedo ver lo que supongo que es sangre de mi pierna herida.

Supongo que es mi culpa que esto haya pasado. No soy escaladora, ni me gusta hacer cosas al aire libre. Y sin embargo, aquí estoy, ahogándome en una cueva quién sabe a cuantos metros de profundidad. ¿Importa? Ni un poquito. Me pregunto si ya morí. Aún puedo sentir el agua helada, el peso de la Tierra sobre mí, aún puedo sentir el dolor en mi pierna. Pero ya no necesito respirar. Mis pulmones están llenos de agua, pero a mi cerebro ya no le importa el oxígeno.

Se apaga mi linterna. Cualquier sentido de orientación o dirección se ha ido. Igual que mi vida en la superficie. Tengo muchos remordimientos. Muchas cosas que quería mejorar pero nunca pude. Quería que me recordaran por algo bueno, pero aquí estoy; sabiendo que la única cosa por la cual me recordarán es por la manera más idiota de terminar con mi vida. ¿Quería acabar con mi vida? En algún punto, si. Por eso terminé en esta cueva. ¿Quería vivir? Tal vez en la memoria de aquellos que me conocieron. El problema es, que ahora esos recuerdos están manchados por el dolor, la traición, la desesperación. Los pocos recuerdos lindos que mis seres amados tienen de mí se desvanecerán, al mismo tiempo que algo siempre será cierto; soy una cobarde que decidió morir en una puta cueva.

Suena tan absurdamente ridículo. ¡¿Quién se muere en una cueva a estas horas de la vida?!

Simplemente me rendí. Por fin lo hice. Luego de intentarlo una y otra vez, al fin me rendí. Debería sentirme aliviada, pero no es así. Es solo un peso más para agregar a las toneladas de roca y agua sobre mí.

Veo una luz. ¿Cómo puede haber una luz a la profundidad en la que me encuentro? Pues la hay, así que la sigo.

¿Qué putas?

Estoy en mi barrio, aunque sumergido en el agua. Veo el parque donde jugaba cuando era niña. Con una fuerza renovada nado hacia adelante. Veo el lugar donde solía parchar con mis amigos. Donde nos reímos y compartimos nuestros secretos. Veo el lugar donde me enamoré por primera vez, y pienso en ella. Definitivamente está mejor sin mí, de eso estoy segura. Sigo nadando hasta que veo el lugar donde todo se fue a la mierda. Y finalmente...veo la entrada de la cueva.

¿Entro?

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