• Federico Ayazo

El revés

Para Marcela Correa.

Ahora dicen que el mundo está al revés. Pero entonces siento que algunos siempre desde pequeños lo hemos visto al derecho, cuando advertimos que éramos zurdos. Díganme quién, ¿qué persona que utilice más su mano izquierda no tuvo dificultades para aprender a recortar en el preescolar? Veía uno a sus compañeritos utilizando las tijeras de modo magistral, recortando complejas figuras geométricas y animales con gran facilidad, mientras uno, el zurdo, miraba de forma intercalada y con cierta decepción, las tijeras –que parecían romas y juraba uno que algo malo les pasaba– y el papel rasgado y feo, injusta mutilación de alguna extremidad a algún hermoso elefante o pajarraco dibujado con esmero.


Cuando te hiciste un poco más grande no se acabaron los traspiés. Continuaste con los cuadernos argollados y los lapiceros, que te tallaban y te manchaban las manos como un equivalente a la marca de Caín; mecanismos de control y adoctrinamiento que no eran solo frustrantes sino también dolorosos, hasta que tu mano fue formando un callo tras las desilusiones y pudiste graduarte del colegio con ciertas deficiencias. Y eso que no te amarraron o golpearon con una regla de madera, como a algunos de nuestros predecesores, por utilizar la mano siniestra.


¿O quién, que haya salido de afán de su casa, no se ha chocado contra la puerta después de abrir con su mano diestra, que es la izquierda? A veces me pregunto también: ¿a cuántos zurdos no les habrá tocado subir unos pisos de más en un ascensor porque este estaba lleno de gentes y su mano estaba demasiado lejos del botón para llegar a casa y al baño? Una valiosa lección sobre el control de esfínteres.

Y qué me dicen de los zurdos que no nacimos en Curazao, Gran Bretaña, o en alguno de esos extraños, pero espectaculares países en donde la cabrilla de los automóviles está en el lado indicado para nosotros, es decir, al opuesto del derecho.


La izquierda es minoría en la política, los botones de la ropa y las urgencias del cuerpo. Así que ahora, que dicen que el mundo está al revés, que los animales se toman las avenidas y nos acordamos del aniquilamiento ineludible, ahora que advertimos el absurdo de la vida y el orden arbitrario de lo humano, ahora por fin siento que el mundo está al derecho.


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