• Julián D. Rubio

El peso de la ‘tibieza’, el voto decisivo que Petro pierde.

Quien domina el centro domina el tablero, principio de la apertura del ajedrez y, por ahora, el principio electoral que Gustavo Petro ha ignorado de cara a 2022. Aunque la existencia del supuesto centro político sea una cuestión de permanente debate, lo cierto es que en Colombia hay un considerable público que vota a candidatos que se autoproclaman el balance o centro entre dos alternativas altamente ‘hostiles’. De hecho, es tan palpable esta realidad que la fuerza política más grande del país tuvo que construir un candidato light, antes que presentar un uribista purasangre que espantara los votos ‘del centro’. Cuando los tibios suman al menos 4 millones de votos y ninguna fuerza política es tan fuerte como para ganar sola, ser caliente, lejos de ser una estrategia para demostrar integridad, es un suicidio electoral.



Aun cuando Gustavo Petro tiene dos años para enfriar su discurso o transferir su apoyo a un candidato hecho a la medida del electorado colombiano, la pandemia y la detención preventiva de Uribe ha levantado un escenario altamente sensible donde las posturas que Petro asuma tejerán las posibilidades electorales de 2022. Acorde a la inteligencia que sus seguidores le atribuyen, Petro ha leído el escenario político, pero lejos de enfriar su imagen y su discurso, nuestro ‘estadista’ favorito se ha calentado tanto como su municipio de origen, entiendo a Esperanza, Gustavo es ardiente.


Además del llamado a la desobediencia civil y sus graciosas declaraciones acerca del coronavirus que debilitan su imagen y facilitan asociarlo al desorden, al caos, al radicalismo y por supuesto al populismo, Petro ha intensificado su crítica a quienes hacen parte del bloque opositor junto a él, siendo el caso más visible su pelea con la alcaldesa de Bogotá. El problema no es la crítica, bienvenida sea siempre, el problema radica en la inflexibilidad que lo aleja del consenso y la permisibilidad complaciente de Gustavo ante sus seguidores radicales que atacan todo lo que no sea petrista. Así, aunque Petro directamente no es tan incendiario, sus seguidores lo son, y esto, no solo lo aleja de los electores de centro, sino además erosiona las posibilidades de una coalición que genere un único candidato idóneo para el electorado colombiano.


Gustavo ha elegido jugar sin dominar el centro, y, sin embargo, esto no significa el fin de las abejitas progresistas. Por cuestiones de la vida, la muerte y la no muerte, el proceso judicial contra el líder natural de la principal fuerza política del país ha avanzado y Uribe ahora tiene detención domiciliaria. En menos de 96 horas, el Centro Democrático ha desfilado su radicalismo antidemocrático y ha cerrado filas alrededor de Álvaro Uribe y, si persisten en esta conducta en lo que queda del proceso judicial, es claro que el uribismo habría perdido la ventaja que hoy le permite ocupar la casa de Nariño, el dominio del centro.


De esta forma, nuestra caliente abejita tendría la oportunidad de enfrentarse a un caliente uribismo, pero, cuando tanto calor se prolonga, el humo aparece, gaseoso en discurso, pero con rulos bien definidos que eviten perder el look juvenil mientras exagera la agresividad de los contendientes y la polarización. Aun con un suertudo escenario donde el uribismo no juega sus caballos en el centro, la Colombia Humana no puede seguir renegando a jugar en el centro, le guste o no, Gustavo se debe enfriar o prescindir de ser él mismo un candidato presidencial; de lo contrario, esos tibios que como mínimo son 4 millones de votos, se pueden crecer sin un uribismo coquetéandoles, poniendo, para sorpresa de muchos, un presidente que no es de los mismos con las mismas, pero que hace lo mismo.


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