• Joseph Rueda

De Ivy Queen a Bad Gyal: la emasculación del reggaetón

Para Iván.

Emascular: Del lat. emasculāre.

1. tr. capar (‖ extirpar los órganos genitales).




Es usual que los curadores del espacio cibernético utilicen su preciado tiempo para rechazar al reggaetón en tanto manifestación artístico-cultural. Es usual que estos inquisidores cibernéticos resalten la “poca capacidad intelectual”, la inmoralidad, la vulgaridad y la misoginia de los intérpretes de este género (y sus oyentes). Escuchar este tipo de música, dicen, es una fiel muestra de la falta de cultura, inteligencia y brújula moral de los latinos. A ustedes escuchas de la degradación y la imbecilidad: ¡Arded en las brasas de la pobreza espiritual e intelectual!


La pretensión de señalar al reggaetón como un paria de la música y la cultura alegando su “pobre desempeño artístico” y afirmando que se trata de una “música degradante” que cosifica a la mujer (acudiendo al ya conocido truco de utilizar a un grupo vulnerable como caballito de guerra para atacar o defender ciertas causas), son quizá dos de los argumentos más comunes por los cuales se aplaude la censura de este género musical en países como Cuba; o se discute incansablemente en los comentarios de Facebook o en tuits por la legitimidad de este tipo de música. Lo mejor, dicen, es erradicar el reggaetón de la faz de la tierra —¿y farrear escuchando Tchaikovsky? —.


Con respecto al primer argumento, a saber, aquel que señala la falta de valor cultural del reggaetón, su no-pertenencia a la cultura, se podría decir mucho al respecto. Claro está, esto merece una columna donde se explique qué están entendiendo estas personas por ‘cultura’ o por ‘arte’. No obstante, si usted no soporta la ansiedad causada por la espera, puedo adelantarle lo siguiente: estas personas están equivocadas[1]. Su obtusa idea de “lo cultural” proviene de un acercamiento reduccionista que considera solo ciertas a expresiones como “culturales” en tanto representen directa o indirectamente patrones y tipos “folclóricos” o “intelectuales” (los últimos usualmente asociados con expresiones culturales europeas) [2]. Tal es la razón por la cual estas personas se maravillan únicamente ante Etelvina Maldonado o The Goldberg Variations de Gould. No es difícil explicar qué pasa por la cabeza de estas personas cuando buscan pensar qué pertenece o no a la cultura: —Ehhh, si, bueno…emmm… esto me recuerda a la selva o alguna ciudad europea entonces es cultura—. Como el reggaetón no les recuerda a un pueblo aborigen o a una vieja ciudad europea en su esplendor barroco, no lo consideran como “cultura” o no lo consideran valioso porque “no es culto”. Sí, ellos confunden lo culto con lo cultural. En cualquier caso, este tipo de criterio imbécil de evaluación tiende a tener presupuestos eurocentristas, racistas, exotistas, clasistas, etc. La lista es larga. La concepción de cultura expresada por este tipo de gente es reflejo de un ideal civilizatorio de la sociedad occidental moderna, alejado de lo ‘barbárico’, lo ‘poco ortodoxo’ de sociedades ‘no letradas’; y su contraparte exotista que considera a esas sociedades ‘no letradas’ como lo ‘no occidental’, como ‘lo otro’ de occidente, que, pese a no tener el mismo valor, debe ser aplaudido y celebrado porque nos recuerda la “animalidad superada” por los occidentales. El reggaetón es rechazado “pues no es ilustrado”. Lo no-ilustrado se puede admirar siempre y cuando represente algo superado, racionalizado. No obstante, el reggaetón no representa una “animalidad” de la cual estas personas se sientan a salvo. La animalidad de este género se materializa en el sexo. Y el sexo afecta y modela la cultura occidental, es una “animalidad no superada”. La “vulgaridad” del reggaetón encarna la animalidad de la que occidente nunca ha podido escapar (y de la que tanto teme).


Ahora bien, ¿cosifica el reggaetón a la mujer? En muchos casos, la respuesta es afirmativa. ¿Deja de ser parte de la cultura por hacerlo? No, considerando que la cultura en sí misma tiene una sólida base heteropatriarcal y estos curadores no quieren “cancelar su cultura”. Por otro lado, muchos se oponen al género porque representa la pérdida de aquellos valores de antaño que “tanto necesitan los jóvenes de la actualidad”. —¡Qué desgracia!—, dice el hombre sorprendido por la decadencia de los valores cristianos y conservadores de occidente que se desmoronan ante él. Es decir, estas personas no se oponen al reggaetón por misógino, sino por obsceno, por inmoral.


Aquellos que no llegan al extremo de anhelar el regreso de una lógica profundamente conservadora pero siguen rechazando al reggaetón en tanto elemento cultural por su machismo, olvidan que viven en una cultura que somete los cuerpos de las mujeres incluso en sus creaciones más apremiadas. Así, el arte, la filosofía y la literatura (admiradísimas por los curadores de las redes sociales, por los guardianes de las buenas costumbres de Facebook y Twitter) también han contribuido con la perpetuación de tipos reproducidos incansablemente que denigran a la mujer. ¿A Henry Miller y a Schopenhauer sí los consideran parte de la cultura? Uno somete a la mujer a un papel pasivo en sus novelas como un mero objeto de deseo y el otro le reprocha a esta que, al ser ese objeto de deseo, representa un obstáculo para el hombre en su propósito contemplativo-filosófico. A Miller se le censuró en Estados Unidos Trópico de Cáncer hasta 1961 no tanto por su trato misógino a los personajes femeninos, sino por su “manifiesta obscenidad”. Ello solo explica que las acciones contra Miller, al igual que muchos argumentos de estos curadores del ciberespacio en contra del reggaetón, en realidad no provienen de una preocupación feminista, sino del temor o repudio a la vulgaridad y las consecuencias que esta tiene para “lo moral y decente” en la esfera social. La concepción del cuerpo de la mujer como objeto disponible para el sexo en las letras del reggaetón, en realidad no le escandaliza a estas personas por los presupuestos patriarcales que contienen, sino porque las imágenes que evoca son “pornográficas, inmorales y vulgares” (en tanto se anuncian públicamente).


Si medimos las obras del pensamiento humano con la vara de la misoginia, y buscamos que ese sea el criterio para considerar a algo como parte de la cultura o como lo no-cultural, tendríamos que censurar una larga (y muy preciada) lista de obras. Es decir, amigos míos, si quieren satanizar al reggaetón por misógino, y sacarlo de la cultura por ello, satanicen todo lo patriarcal y expúlsenlo también de la cultura. Si fuéramos igual de rigurosos con esta medida, alentaríamos la censura de obras filosóficas o literarias a causa de su misoginia. Eso no sucede. Al contrario, muchos autores son admirados por su “escritura desaforadamente pasional y sus sentimientos descarnados hacia el género femenino. Las mujeres son sus musas. ¡Bravo! ¡Excelso!”. Nadie entiende a estos curadores. Castigan a la vulgaridad y a la misoginia ... ¿pero luego las exaltan? Los hombres no tienen ningún reparo a la hora de dejar a la mujer en un pedestal como su musa, aunque tanto la musa, como la mujer retratada por el reggaetón, son una proyección del deber-ser de la mujer dentro de un esquema de sentido machista.


No obstante, es cierto que el reggaetón ha construido y reproducido un discurso eminentemente misógino. Cuando se habla de este género como agente cosificador de cuerpos femeninos, se habla con toda la verdad del caso. Si pensamos en canciones como La ocasión, Candy o Cuatro Babys podemos ver, sin necesidad de justificaciones muy elaboradas o un extenso conocimiento sobre feminismo, cómo la mujer es caracterizada como carne dispuesta para el consumo del hombre. Sin embargo, existen modos menos evidentes en los que el reggaetón da cuenta de la dominación masculina y que, a primera vista, pueden parecer inofensivos o, inclusive, portadores de un mensaje positivo para las mujeres. Hace poco escuchaba Relación, de Sech. En la canción Sech le habla a un hombre que acaba de terminar una relación abusiva con su novia y relata la experiencia de esta mujer al terminar la ruptura diciendo:


Ahora todo cambió, le toca a ella/ Mari y una botella / Gracias al maltrato se puso bella. (Morales, 2020, 00:23-00:30; Énfasis propios).


Es común que muchas canciones de este género hablen de la experiencia de una mujer tras terminar una relación tormentosa celebrando su libertad y alentándola para que se divierta con sus amigas. Pensemos en el remix de Soltera (canción interpretada por Lunay en colaboración con Bad Bunny y Daddy Yankee):


Me dijeron que te acaban de dejar/ Que el bobo aquel te engañó […])/ Que andas suelta igual que yo/ No sé, pero la noche está pa’ desquitarnos/ […] / Que yo también quiero joder, vacilar […] Trae a todas tus amigas, que yo las voy a poner a fumar/ […]. (Jeday, C. et al, 2019, 00:11-00:41; Énfasis agregados).


O pensemos en Se preparó interpretada por Ozuna:


Se preparó, se puso linda, a su amiga llamaba/ Salió de rumba, nada le importó/ Porque su novio a ella la engañaba/ como si nada (Ozuna et al. , 2017. 00:41-1:01)


Sale a olvidar las penas y el sufrimiento/ El novio la hizo llorar, mató su sentimiento, […] / Hoy ella hace lo que quiera […] (ibíd.1:13-1:26)


Ese bobo se perdió a esa mamacita tan chula/ Yo la vi en el club, la imagino desnuda/ Tiene dos amigas que parecen de película […] / Un hermoso cuerpo/ […] / Él le falló y ella se reveló/ Con sus amigas de rumba salió […] (Ozuna et al. 2017, 2:10-2:31; Énfasis agregados).



Las tres canciones tienen algunos puntos en común que me gustaría discutir. El primero de ellos, y quizá el más evidente, es que las tres letras narran la experiencia de una mujer tras la ruptura de una relación sentimental abusiva desde la voz de un hombre. Mientras que Sech y Ozuna, lo hacen en tercera persona, en Soltera se mezclan la tercera persona y el diálogo. Esto es importante porque el patrón que siguen es el siguiente: hay un hombre que “le describe” a otro hombre (o conversa con una mujer muda) cómo ella (su ex pareja) reacciona frente a la ruptura de su relación amorosa, en donde sufrió algún tipo de daño. ¿Cómo es que el daño afecta a esta mujer ? La embellece. ¿Cómo asume ella la ruptura? Sale a bailar con amigas y se divierte (sexualmente) con otros hombres. Aquí el hombre celebra la ruptura porque le permite acceder a una “propiedad” de la cual no tenía una agencia anteriormente y, además, le dice al antiguo novio: No puedes acceder de nuevo a ella. Ahora, es el objeto de deseo de otros—.


Ese bobo se perdió a esa mamacita tan chula/ Yo la vi en el club, la imagino desnuda (Ozuna, J. et al. 2017, 2:10-2:12; Énfasis míos ).


Me dijeron que te acaban de dejar/ Que el bobo aquel te engañó/ […] / Que andas suelta igual que yo/ No sé, pero la noche está pa’ desquitarnos/ […] Jeday, C. et al. 2019, 00:11-00:14).


Cambió, cambió, y tú estás pagando / Se fue el balón y quieres seguir jugando / […] Que va pa la calle, sin dar detalle/ Con ese traje yo dudo que ella falle/ […] (Morales, 2020, 00:45-1:01; Énfasis míos).


El abuso, los engaños y su consecuente ruptura fueron “males necesarios” para que la mujer saliera a la discoteca, ahora embellecida “gracias al maltrato” y pudiera ser deseada por otros hombres en su libertad revelada. Y no va sola, va con sus amigas. Es decir, va con más objetos de deseo disponibles para el divertimento masculino.


Asimismo, las canciones aquí citadas parecen adquirir cierto aspecto descriptivo que suele presentarse de manera inofensiva. Todos salimos a divertirnos al terminar una relación amorosa. Ellas solo narran esa experiencia. No obstante, lo que en realidad hacen es prescribir el deber-ser del duelo de una mujer tras una relación abusiva. Ese deber-ser, como ya vimos, se reduce a salir a una discoteca para ser “admirada” (imaginada desnuda) por otros hombres, consumir alcohol, drogas y tener sexo. La liberación de las relaciones abusivas en lugar de permitirle a la mujer reflexionar sobre el abuso masculino, la somete a otras relaciones de dominación ahora ocasionales.


Este tipo de letras pretenden que la mujer se dignifique desde el abuso, atribuyéndole a experiencias traumáticas como la manipulación o el engaño características aleccionadoras y liberadoras. La mujer “se cansó de los embustes, a su vida le hizo un ajuste” (Bunny, 2020). ¿Qué implica ese ajuste? Ponerse “coqueta, activa, ponerse para la vuelta” (con los hombres). ¿Qué quiere la mujer inmediatamente tras “ser dejada” y haberse “puesto coqueta y activa”? Quiere “joder, vacilar”, “hacer lo que quiere” “ser libre”. La mujer olvida el abuso del hombre siendo deseada en cierta medida porque su valor depende de la aprobación masculina: “Con ese traje yo dudo que ella falle (Sech,2020, 1:01-1:04; Énfasis agregados)” o “Un hermoso cuerpo/ Yo te lo aseguro que como ella no hay dos/[…] Ese bobo se perdió a esa mamacita tan chula/ Yo la vi en el club, la imagino desnuda” (Ozuna et. al. , 2017, .1:13-1:26; Énfasis agregados).


Se podría pensar, además, que lo que se celebra es cierto empoderamiento femenino. Después de todo las mujeres deberían tener la libertad de disponer de su cuerpo como ellas deseen. Yo estoy de acuerdo con lo anterior. Pero ese no es el caso de estas canciones. En las canciones acá citadas se le está diciendo a la mujer cómo sobrellevar el trauma causado por las relaciones abusivas, se le dice que debe hacerlo a través de la mirada y el disfrute masculino. De sanar el dolor, de describir el dolor, de describir el comportamiento abusivo de su relación y las consecuencias de este, ni hablar.

Esto no dice nada en contra del reggaetón en tanto género musical. En realidad, lo que nos exige es buscar canciones y artistas dentro de este género que narren experiencias más reales de la mujer (en el caso de las rupturas de relaciones amorosas), y rompan la lógica del deseo-consumación masculina. El reggaetón, como cualquier otro género musical, hace parte de un marco cultural que refleja las dinámicas sociales heteronormativas y patriarcales. Así como otros géneros musicales han buscado alterar y resignificar sus narrativas para expresar historias y perspectivas propias de la mujer, también lo ha hecho el reggaetón a través de voces femeninas. Ya se gana mucho cuando es una mujer la que narra su experiencia en una fiesta o tras la ruptura de una relación tormentosa.



Todos alguna vez hemos bailado Yo quiero bailar, de Ivy Queen:

Yo quiero bailar, tú quieres sudar / Y pegarte a mí el cuerpo rozar / Y yo te digo si tú me puedes provocar / Eso no quiere decir que pa’ la cama voy.

[…]/ Papi te lo juro te me acercas y late mi corazón / Si lo que quieres es pegarte / Yo no tengo problema / En acercarme y bailarte este reggaetón […]

Porque yo soy la que mando / Soy la que decide cuando vamos al mambo […]

A mí no me importa lo que muchos digan / Si muevo mi cintura de abajo para arriba/ Si soy de barrio o tal vez soy una chica fina/ Si en la discoteca te me pegas y te animas […]

No te creas, que me voy acostar, no es así/ Bailo reggaetón pero no soy chica fácil / Si quieres ganarte mis besos y mis panties/ No es de esa forma papi cógelo easy (Pasante, 2002, 00:25-2:12; Énfasis agregados).



Quizá también sea importante citar a Not Steady, de Paloma Mami:


Como tú me llegan 7 al día / que me quieren tener /y yo no ando buscando amor / ni nada que me pueda comprometer


Sé que te imaginas probando mi cuerpo / pero para ganar tienes que ser experto / a mi nadie me domina, papi soy tu adrenalina


You call I dub, I don’t pick up / I don’t give a fuck, I think it’s done already […]


Yo quiero un tipo que me de la talla/ conmigo no te sirve toda esa labia / quieres que sea tuyo y yo no soy de nadie /todos quieren de lo mío, yo no quiero nadie


I don't change for no dick/ Please don't get me twisted / I ain't with that lame shit […]

(Castillo, 2018, 00:22-1:22;Énfasis agregados).



Y también sería apropiado mencionar Zorra, de Bad Gyal:


Tú la jodiste con todas nosotras/ Pensabas que no nos lo diríamos unas a otras/ Nos llamas a todas a diferentes horas/ Pensabas que saldría bien, jodiste con todas/ Tu madre me llama y me dice que estoy loca/ Tu hijo es una zorra y eso es lo que le toca/ Tú no puedes pasar por nuestro corner/ Porque tú sabes que te vas sin Jordan/ Te has chingao a cada una de nosotras/ Y ahora queremos matarte to'as […]


Tú eres un mierdas, no vales na' y eso todas lo saben/ Cada día una chica nueva y tú no sabes ser fiel/ ¿Cómo tú tienes tanta cara de pedirme que vuelva? /Yo ya no estoy pa' tu mierda. (Farelo, 2019, 00:14- 1:12; Énfasis agregados)



Yo quiero bailar es el manifiesto del consenso y la exaltación de la agencia que tiene la mujer sobre su cuerpo. Allí se aclara que una mujer está en todo el derecho de sentir deseo en una fiesta, que puede bailar sensualmente sin que deba estar obligada a mantener encuentros sexuales con nadie y sin que se la tilde de x o y modos por bailar de manera provocativa. Yo quiero bailar responde a canciones que consideran a la mujer en la pista de baile como un sujeto sometido a la voluntad sexual del hombre, como un objeto bello y asequible por todos. Aquí es una voz femenina la que relata su experiencia en la discoteca, la cual fue motivada por el disfrute propio y no porque un hombre le hizo daño y de repente “se vio libre” para salir a bailar. Queen se niega a acostarse con la persona que baila, afirmando su deseo y su voluntad sobre el mismo. Ella decide “cuándo van al mambo”, sin importarle “lo que muchos digan”, aclara que las mujeres pueden salir a perrear “sin que él se crea puede jugar” y sin que se les considere “fáciles” por hacerlo. Queen rechaza que otros señalen qué tipo de mujer es en razón de cómo decide disponer de su cuerpo.



Ahora bien, podríamos afirmar que la disposición anímica que rodea a Not Steady es la del tedio. El tedio a la pretensión masculina de impresionar a las mujeres en aras de obtener un tipo de acercamiento ya sea sexual o romántico. Paloma dialoga con uno de los hombres que quiere tener algún tipo de encuentro con ella, extiende esa conversación a un estadio general de su vida emocional: no es estable (I’m not steady, dice en la canción). Esta no-estabilidad posibilita y configura una disposición emocional y sexual en la que la figura masculina no es contemplada bajo ninguna lógica de subordinación o dependencia. Paloma no contesta las llamadas, no se encuentra interesada. Ella es consciente del deseo o pretensiones románticas de este hombre y puede que acceda a ellas, pero de ninguna manera cambiará por “alguna polla”. Ella es consciente de lo que oculta el discurso masculino en la “conquista” y lo deslegitima, descree de lo que se le diga. Quiere estar sola, no es estable. No le importa serlo.



Por su parte, en Fingías, uno de los sencillos lanzados por Paloma Mami en el 2019, ella le reprocha a un hombre la manera en la que le mintió durante la relación. Allí, Paloma narra el duelo por el que pasó debido a los engaños de su antigua pareja. No debemos sorprendernos cuando en la canción no hay rastro de fiestas y salidas con amigas. Por el contrario, Paloma sí describe el tipo de situaciones emocionales en las que se vio inmersa durante la relación : “Tú nunca sentiste lo que yo sentía/ Cuando yo lloraba / Cuando estaba sola/ Cuando yo me sentía vacía” (Castillo, 2029, 00:42-00:44). Claro está, a pesar del dolor que le causó lo sucedido en la relación, Paloma aclara que no desea ni necesita de vuelta a esta figura que le causó daño:


De ti yo no quiero saber/ De nuevo no te quiero ver/ Si quieres te puedes perder/ Que queda claro que ya te olvidé/ Todo tus besos los borré/ Los sentimientos los maté/ Si quiere olvídate/ Que ya yo no quiero que vuelvas (ibíd. 00:58-1:19).


Zorra también hace alusión a las relaciones amorosas y al engaño. Gyal le reclama a un hombre que le mintió a un grupo de mujeres (incluyéndola) para poderse acostar con ellas. Aquí, a diferencia de Soltera, Se preparó y Relación, Gyal caracteriza detalladamente la manera en la que este hombre las manipulaba para tener sexo y logra traer a la presencia la imagen de este tipo de personas. Ella lo describe como alguien “mierda”: una persona frívola que no puede mantener una relación estable. Una persona cínica, cobarde y descarada, un stalker, etc (cf. Farelo, 2020). Acá Gyal no dignifica el abuso psicológico al que la sometió el sujeto. Tampoco dice que lo primero que hará será salir con sus amigas engañadas a la pista de baile. Porque, en realidad, esa no es la única manera en la que una mujer lidia con una ruptura amorosa. La canción no celebra el abuso o lo considera como una oportunidad que se le brinda a la mujer para “liberarse” de modo que pueda salir con otros hombres. Gyal también describe claramente los sentimientos que le causó este personaje: ira, cansancio, resentimiento, etc. Sentimientos que no logran “embellecerla”. Se destruye aquella creencia que dicta que el abuso puede “enaltecer a una mujer”, “fortalecerla”. La mujer no es un “ente” que se recupera del daño con licor y sexo. Tampoco es esta figura que se dignifica anunciándose desde el maltrato. Ese tipo de señalamientos hechos por canciones como Soltera, Relación y Se preparó son muestra de la minimización y trivialización de los sentimientos y las experiencias de dolor que atraviesan las mujeres tras la ruptura de una relación amorosa donde fueron heridas de diversos modos. Lo que estas canciones pretenden (consciente o inconscientemente) es decirle a las mujeres cómo deberían sobrellevar su dolor de un modo que sea conveniente para el hombre.



En Zorra, Gyal logra describir la imagen del abusador. Lo caracteriza utilizando una palabra que otrora se usaba peyorativamente hacia las mujeres. Otro aspecto interesante de Zorra es que allí, Gyal destruye la figura arquetípica de las mujeres que combaten entre ellas por un hombre o salen “en manadas” para ser conquistadas por unos cuantos “galanes”. Al contrario, Gyal narró la unión que mantuvieron entre ellas para descubrir los engaños del sujeto en cuestión. Ahora lo castigan, le hacen una advertencia. Por “ser una zorra” no podrá “pasar por su corner”. Cuidado, Zorras de las pistas de baile y del mundo del reggaetón. Estas chicas los emascularán (y robarán sus Jordan) así como Ivy Queen, Bad Gyal, Paloma Mami y muchas otras, han emasculado al reggaetón y han extirpado sus narrativas precarias y violentas.

[1] De manera irresponsablemente general, podría decirse que la cultura es un conjunto integrador de varias elementos o manifestaciones prácticas e intelectuales de una sociedad, y, siendo el reggaetón parte de esa producción, estaría incluido dentro de lo que llamamos cultura.

[2] Es evidente que no podemos reducir la cultura a lo folklore tal como lo digo en el cuerpo del texto.



Referencias:

- Castillo, P.(2019). Fingías. Sony Music Entertainment US Latin LLC. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=ltYUH6fEYdE.

- Castillo, P. (2018). Not steady. Sony Music Entertainment US Latin LLC. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=7nEULo3_oY0

- Farelo, A. (2019). Zorra. UMG Recordings, Inc. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=ND2riyDD_oo

- Jeday, C. et al. (2019). Soltera (Remix) Feat. Daddy Yankee y Bad Bunny. En Épico. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=8zQTfGbyY5I

- Morales, C.(2020). Relación. En 1:1. Sony Music. Rich Music Inc. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=c6D8v6DhKc4

- Ozuna, J. et al. (2017). Se preparó. En Odisea. R.E.LL., VP Records, Dímelo VI. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=KWGrPNqz4uc

- Pasante, I. (2002). Yo quiero bailar. En Diva. Universal Music Latino. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=ykj61GLeVz4

- Real Academia Española. Diccionario de la lengua española 2019. Web: 24 de junio 2020 [https://dle.rae.es/emasculación].



Imágenes:

- Aguilera, N (2019). Sin título. Recuperado de: https://www.instagram.com/p/B8xK54kH9Wj/

- Quintana, P (2018) . Sin título. Aniversario Socialgram con Paloma Mami. Recuperado de: https://www.instagram.com/p/Bp0V2NmHgyC/

- Van Stokkum, A (2019): Sin título. Recuperado de: https://www.timeout.es/barcelona/es/musica/bad-gyal-2

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