• David Mejía Rave

De amor y de tusa


Sístole: Transcurre entre descargas de serotonina. Las pupilas se dilatan y el torrente sanguíneo acelera. Se libera dopamina, los colores se saturan y se aprieta el puño en la metáfora de un grito incontenible. Diástole: El roce de otra piel retorna la normalidad al pulso, una mirada desata las endorfinas. Eso es: una sustancia amorfa e intangible que marca el ritmo de los movimientos entre la serenidad y el éxtasis. Es eso que aparece violento, que por momentos es tóxico, que obnubila la razón. Es eso que con su ausencia deja el cansancio y el desasosiego. Al final, no supe si fue un opioide o un ansiolítico, pero así parecía ser el amor para Gaspar Noé.


Love fue la cuarta entrega del enfant terrible argentino radicado en Francia. Desde sus primeras películas Carne (1991) y Seul contre tous (1998), Noé se ha decantado por filmar la belleza del desencanto, por desplegar un teatro de hiperviolencia entre ríos de semen y vísceras con una línea estética marcada por el Cinema du look francés de los años 80 y los tempranos 90.


Love es una película sobre el recuerdo de un amor diluido en la melancolía, fruto de haberlo perdido. El llanto de su hijo bebé despierta a Murphy de otro sueño sobre su ex Electra. Su relación con ella había terminado después de que Murphy dejara embarazada a su vecina Omi. Esa misma mañana recibe una llamada de la madre de Electra contándole que no veía a su hija desde hace dos meses. La fábula es sencilla, Murphy recuerda su amor con Electra en un viaje de Opio. La trama dice ser la historia de un amor, pero es más bien una tusa: un discurrir de pensamiento desordenado, caótico, incongruente; no hay mucha seguridad de cuándo pasó qué. Es un amor de esos irracionales en los que cada momento llevó al límite las emociones. No se cuenta como una historia, sino como el recuerdo de una vida anhelada que ya no existe.


La tusa y el amor de Noé son experiencias con un fuerte componente corporal. El sexo se presenta como un mecanismo bajo el que inician, se desarrollan y terminan las relaciones, bajo el que se vive y se recuerda un desamor. Love pone un plano fijo sobre los relatos que han sido excluidos de las películas de amor convencionales. Lo que ocurre en los baños de las discotecas, en los pasillos vacíos. Los deseos de la carne ajena que desembocan en gritos delirantes. No hay sábanas o trucos de cámara que oculten los genitales, el orgasmo, la eyaculación. El guión no omite los insultos ni las reacciones frenéticas y desbordadas. Lo corpóreo resalta por la violencia y la frontalidad con la que se destaca. La cámara corta sobre el mismo plano, el montaje parece una herramienta para enfatizar el coito y no para falsearlo o adornarlo.


El encuentro entre los cuerpos va más allá de un idilio entre Electra y Murphy y se presenta en la pantalla como el referente que ordena el discurso. Adquiere distintos valores narrativos. A veces es una provocación, otras veces es la premisa dramática que le da el ritmo a la trama con distintos volúmenes e intensidades. Por momentos, es simplemente un pretexto para pintar un cuadro cinético con un volumen carnal. Lo corporal, en Noé, es la expresión fundamental del amor y de la tusa.


El amor, en parte, es una expresión carnal, por momentos grotesca y violenta, se vive con el cuerpo y se siente con la carne. El sexo nos ata a otro ser y también es una tentación a desatarse. Es un despropósito hablar de amor y desamor sin referirse a la carne. La tusa se expresa en gran medida como el dolor de imaginar el cuerpo del otro acariciando uno nuevo. Es como el bajón cuando el éxtasis abandona el organismo o se agota el flujo de psicotrópicos en la sangre. El cine de Noé brilla por las sensaciones que despierta por encima de la narrativa, por la ansiedad y la incomodidad que genera en quienes lo ven.


Sístole: la piel se eriza y las arterias abastecen el tejido eréctil. Diástole: Un orgasmo mutuo se funde en la polifonía de gemidos. Es ese recuerdo: sentarse en la ducha en un lienzo de sombras y una paleta cromática de rojos recordando algo que ya no es. Eso fue la tusa en Gaspar Noé.


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