• Daniel Santiago Vega Durán

COMETAS DE SANGRE

Fue en las horas tardías de un 11 de agosto, cuando en el cielo Caleño se vieron cometas volar por todo lo alto, cometas de bellos colores, su aleteo en los cielos maravillaba a los espectadores del firmamento, pero de pronto, aquellas cometas que antes rozaban con sus colas los astros ahora descendían bruscamente, ¿Qué le ocurrió a las cometas?. Habrá que volver un poco atrás para entender el motivo de su caída.

La mañana de aquel 11 de agosto, un sol cálido y travieso se coló a través de las cortinas del cuarto de Armando para darle los buenos días, el muchacho de unos tempranos 16 años, aceptó resignado el fin de su sueño y el comienzo de su jornada, se quedó unos minutos en la cama luchando contra la pereza, pero al final ganó la batalla, y se incorporó en el planeta Tierra, salió del cuarto y con los ojos aún llenos de lagañas fue a darle los buenos días a su madre.

- Buenos días Viejita- El pícaro muchacho era consciente de la ira que provocaba en su madre al llamarle vieja.

- ¡Vean a este, viejas sus patas mijo! - Su ceño fruncido y frente arrugada, causaban gracia en el muchacho.

- Ja, ja, ja, ja, ¡Ay madrecita! Usted sabe que es molestando, no se me ponga brava- La tomo rodeándole la panza y la abrazo con gran fuerza, también le dejó un suave y cálido beso en la mejilla derecha.

- Es que de verdad Armando, usted pareciera que no supiera que yo soy su mamá, a mí me respeta, además ¿Quién le dijo que tener 38 es ser vieja?- Ella estaba tratando de mantener aquel gesto iracundo, pero el beso y el abrazo del muchacho le habían ablandado.

- Ay ya dejé de pensar en eso- El olor del suave y dulce café llegó hasta su nariz y le provocó antojo; el café mañanero que preparaba su madre casi todos los días le fascinaba, aquel día le pareció que olía mejor de lo normal.- Más bien regáleme un cafecito hágame el favor que todavía cargo un poquito de sueño.

Ella tomó cautelosa la olla del café y le sirvió en una taza de pasta con calcomanías de rosas rojas desteñidas. -Tome a ver, ahora dígame ¿Qué hace despierto a esta hora?

- ¡Aaah! Ahora no me puedo parar un poquito antes de lo normal.

- “Un poquito antes” dice, son las 8, y desde que empezó el encierro usted duerme hasta las 11 de la mañana.

- Bueno a lo mejor sí me pare más temprano… Vea, lo que pasa, es que me invitaron a salir- Armando evitaba el contacto visual con su madre, dirigía su mirada al café que tenía en su mano, y lo tomaba lentamente.

-Ya decía yo, bueno y ¿a quién le pidió permiso usted para salir?

-Pues por eso fue por lo que me levanté temprano, ¿mamá usted me da permiso de salir hoy con mis amigos?, solamente vamos a salir por ahí a volar cometa, aprovechando que hay bastante viento estos días. -Los nervios le tacaban la mente, pero aun así él los disimulaba.

-Yo lo dejo ir, pero usted me tiene que barrer y trapear toda la casa ahorita, porque yo voy a salir- La madre reía internamente, se había aprovechado de la condición suplicante de su hijo para sacar un poco de provecho para ella.

- ¡Epaa! No pierde una usted, bueno yo le ayudo con la casa no se preocupe.

-Más le vale cumplirme, yo me voy ya, ¡donde llegue y encuentre la casa sin barrer ya sabe lo que le espera! –La mujer dijo adiós con un beso a su hijo y le dejó allí en la soledad del hogar.

El muchacho tomó rápidamente la escoba y se dispuso a barrer las viejas baldosas de su casa, mientras barría, su mente imaginaba el volar de su cometa, la había hecho hace unos años con caña brava y algunas bolsas rojo sangre, sus amigos lo molestaban por su fascinación por las cometas, las amaba, siempre que el viento soplaba fuerte estaba allí en la calle con alguna cometa volándola en los cielos despejados.

Cuarenta minutos después el joven había dejado la casa libre de suciedad. Vivían en una pequeña casa, solo su madre y él dormían bajo ese techo, de su padre no sabía nada, desapareció cuando él apenas estaba dando sus primeros pasos, entre la lengua de las viudas del barrio viajaba el rumor de que el hombre les había abandonado, pero la madre de Armando juraba con la mano en el corazón por el asesinato y desaparición del cadáver de su esposo. Él chico fue presuroso a darse una ducha, luego rebuscó en su escaparate un par de tenis, unas bermudas y una camisa, la hora acordada para llegar era a las 8:30 AM, pero todos sabemos que en Colombia un plan de amigos es sinónimo de impuntualidad, Armando abandonó su casa con su cometa escarlata en la espalda y se aventuró rumbo al punto que todos habían acordado.

Armando llegó segundo a veinte minutos después de lo acordado, antes de él había Llegado Sandro, luego le siguió de tercero Enrique, en cuarto puesto Javier y en el último lugar se quedó Elías, todos muchachos jóvenes y felices, con más sueños que dolores, la música y las risas eran su religión.

Una vez todos se encontraron, emprendieron su ruta, viajaron un kilómetro con el único vehículo que tenían disponible, sus pies, planeaban volar sus cometas en un sitio que el hombre aún no había profanado con sus máquinas y fábricas, no tardaron más de diez minutos en alcanzar su destino, una vez llegaron a los verdes prados, lejanos al mundano ruido citadino corrieron como niños alrededor de todo el lugar, saltaban alocados sobre la hierba, podrían tener 14 o 16 pero su niñez aún les acompañaba, y con ella las tonterías y juegos de niños, fue Armando quien se dispuso a iniciar la elevada de cometas, este había escrito sobre el plástico de la suya el nombre de su novia, su amor por las cometas era muy cercano a su amor por Leidy la chica que había logrado robarse su corazón, no se hicieron esperar los comentarios de sus amigos cuando se hubieron percatado del hechizo nombre escrito sobre la cometa.

- ¡Uy mijo! Como que la china lo tiene mal- Comentó Enrique entre risas al respecto.

-Re mal diría yo, ya la ve hasta en las cometas- Añadió Elías al comentario anterior.

Los demás muchachos sólo se limitaban a las risas y a generar bullicio.

- ¡Ahh! Pura envidia es lo que tienen, como están hundidos en la soltería quieren hacerme sentir mal, pero de malas yo quiero a esa china y no me avergüenza decirlo- Armando defendió su honor demostrando a su grupo que no era una traga más, sino que era un enamoramiento real -Saquen las cometas mejor, que a eso fue que vinimos.

Los muchachos aun con remanentes de risas por la burla hacia Armando sacaron sus cometas, algunos de ellos tenían cometas de tela que habían comprado en las papelerías del barrio, pero los demás preferían optar por crear sus propias cometas con caña brava, papel y bolsas de plástico, no sólo era más económico, también era más valioso al menos sentimentalmente hablando.

El viento viajaba a la velocidad perfecta, las cometas empezaron a elevarse despacio frente a sus ojos, Armando tenía el récord de la máxima altura alcanzada y siempre que se reunían a volar cometas juntos, trataba de superarlo, no siempre lo lograba, pero ese día estaba dispuesto a superar a sus últimos 70 Mts de altura, entre risas y juegos los chicos elevaban lentamente las cometas, mientras estas subían ellos hablaban de todo, no era nuevo que se juntaran, a pesar de la cuarentena encontraban el modo de encontrase todos para hablar jugar y reír.

- ¿A usted porque le gustan tanto las cometas Armando? – Le preguntó Sandro.

-Cosas mías, perro- Armando esquivó la pregunta, con tono desinteresado.

-Ay no se haga rogar, cuente hombre que estamos en confianza- Insistió Sandro, estaba decidido a conocer la respuesta a su pregunta, los demás chicos vitoreaban a Armando para responder la pregunta.

-¡Ahh! si joden ustedes, me gusta volar cometas, porque me gusta como se siente, es complicado- Se rascaba la cabeza, parece que lo que iba a decir era serio al menos para él -Cuando yo vuelo mi cometa, me siento como si yo fuera el que estuviera ahí arriba volando, mirando el cielo desde allí, siento el viento en mi rostro y me imagino la situación, sin hablar mucha cháchara, me gusta sentir que cuando vuelo la cometa no vuela ella sino que estoy volando yo, me gusta volar, de hecho quiero ser eso.

- ¿Quiere ser qué? - Preguntó asombrado Javier, en realidad todos lo habían entendido, pero querían confirmar que lo había dicho en serio y no en broma.

-Piloto, me gusta volar y eso hacen los pilotos- Armando esperó por parte de sus amigos una burla, desaprobación, nunca esperó aceptación por su loco sueño.

-Uy mijo, eso es caro, póngase las pilas- Casi inmediatamente respondió Javier.

-Me toca meterle la ficha en el colegio, una beca por las ICFES, no hay de otra, mi mamá no se puede dar el lujo de pagarme eso- Nunca faltaba comida en la mesa, pero el banco y la guerra se habían robado los sueños en la casa de Armando -Por mi mamá lo prometo, que lo voy a lograr ella se merece lo mejor… No le ha tocado fácil, pero yo le voy a compensar eso, ya le he dado muchos problemas, ahora me toca darle una alegría.

Hubo un vacío de voces en el aire por un momento, el sonido de las cometas quebrando las corrientes de aire y el bulloso cantar de los patos, que por la zona habitaban, esa clase de sueños son de los que dejan en silencio, no eran precisamente los sueños, era el milagro de cumplirlos en un país que te niega oportunidades si no perteneces a la “realeza”, aun así, Armando en su corazón tenía el latente y poderoso deseo de mejorar su condición, también la de aquella quien lo mantuvo en los momentos de más incertidumbre.

-Bueno vamos a ver si es que esta cometa no piensa volar más- Armando seguía tratando de elevar su marca anterior no le bastaban 70 Mts, él quería con su cometa rozar las nubes caleñas.

Aquella cometa roja empezó a despertar del letargo en el que parecía estar, se elevaba cada vez más, al son de las fuertes ventiscas que en el cielo corrían, su cola serpenteaba cual víbora en peligro, estaba muy lejos de sus compañeras de vuelo, acostumbraba a volar más alto que ellas, desde allí arriba se lograban apreciar los salvajes cerros y la deslumbrante silueta de La Sultana del Valle, los ojos de cualquier mortal se conmoverían si pudieran ver la vida desde los ojos de una cometa, si pudieran sentir lo que ellas sienten. Esta aún seguía subiendo estaría a unos aproximados 60 Mts, desde la libertad del cielo se podían apreciar las siluetas de los chicos jugando abajo, pero estas no eran las únicas, algunas personas se habían sumado a la fiesta, personas que desde el aire inspiraban temor… la cometa… algo allá abajo estaba jalando la cuerda que le impedía alcanzar el espacio, algo pasaba, las turbulencias de lo que fuera que estuviera pasando abajo estaban alterando el rumbo de la cometa, si seguían así caería en picada.

*¡PAM!¡PAM!¡PAM!¡PAM! *

Fueron cuatro los disparos que se hicieron oír, y fueron cinco los gritos de súplica, pudo ser la escasez de balas o el despreciable salvajismo humano, pero solo fueron cuatro balas, pues el quinto, Armando, fue el desafortunado a quien no le tocó la quinta bala, su grito por auxilio fue el más desgarrador de todos, las aves que antes reposaban por aquella zona huían despavoridas por los alaridos y estruendos, fue con hierro que acabaron con él, el hierro del cuchillo, no les bastó con que fueran cinco, querían llamar la atención, el último debía ser “especial”, los gritos de Armando se iban apagando a medida que el filo del cuchillo recorría su joven piel, su vida se apagaba con cada milímetro que el arma avanzaba, la sangre brotó, su cuello y camisa se mancharon del color de la vida, y salió desde sus dolidos pulmones un último respiro, y con él se fueron sueños, risas, canciones, esperanzas, de su muerte nacería un piloto que nunca voló.

Aquella cometa rojiza que antes surcaba los cielos caía rápidamente lejos de los atroces sucesos, sobre un bosque oscuro cayó y allí esperando estuvo la cometa, por un salvador o al menos por un entrometido curioso por los disparos.

10:00 AM… Nada

11:00 AM… Nada

12:00 AM… Nada

1:00 PM… Especulación

2:00 PM… Especulación

3:00 PM… Preocupación

4:00 PM… Preocupación

5:00 PM…Una joven Leidy va en busca de un Armando que ya no está entre ellos, su madre preocupada no tiene idea de lo que ha ocurrido, deciden ir juntas a buscarlo.

6:00 PM… La búsqueda no da frutos

7:00 PM… Más personas se unen a la búsqueda, con linternas y celulares, la comunidad busca en todos los rincones.

8:00 PM… Sirenas.

8:50 PM… Gritos de madres que acaban de mirar el cadáver masacrado y ensangrentado del niño que durante nueve meses llevaron en su vientre.

9:00 PM… Llanto y resignación

10:00 PM… Llanto y resignación

10:00 PM… Llanto y dudas

11:00 PM… Llanto y dudas

12:00 PM… Dolor

Aquella cometa no salió de ese bosque, está allí y allí se pudrirá, cayó sin saber que nunca más surcaría las corrientes de viento, no le avisaron que sería la última vez que observaría el paisaje que se tiene desde los cielos, nunca espero que fuera su ultimo vuelo, y lo que más nos duele es que la cometa roja no pudo superar su meta.

El día termina, pero la masacre no.

(Los personajes de esta historia son ficticios, pero lamentablemente los hechos no)

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