• Andres Felipe Cuadros

Colombia: El país adicto a las líneas blancas de la violencia. Volviendo a las complacientes sonrisa

Esta semana amanecimos varios días bajo la lúgubre sombra de la muerte, y más triste aún, la muerte juvenil. Algunos incluso se han atrevido a vaticinar el regreso de las épocas y páginas más sangrientas y tristes de nuestra historia. Que lamentable, sí. Que lamentable creer que algún día pasamos y abandonamos esas páginas, es más bien que el libro de la violencia se ha visto opacado bajo los esfuerzos inhumanos de parte de la institucionalidad por mantenernos oculto el río de sangre que aún hoy mancha nuestro país.





A sabiendas de que en las más profundas estructuras sociales somos en definitiva un país violento, me quiero poner en la tarea de buscar culpables y razones. No quiero ser benevolente o permisivo con los verdaderos actores violentos en Colombia. No quiero volver a las sonrisas pícaras y complacientes de los 80.


Con un poco de desdén y curiosidad infinita me acosté este domingo en la noche luego de dedicar mí tarde a quehaceres universitarios a mirar y escuchar con atención por 5ta vez “Los tiempos de Pablo escobar” Documental realizado por la BBC para Colombia, y que en medio de un amplio trabajo periodístico muy bueno, nos dejó ver de frente la cara el monstruo que sigue asustando a Colombia: ¡LA COCAÍNA!


Perdón, de todo corazón, perdón a los eternos amigos de ese discurso a mi forma de ver falso y demasiado benevolente que se atreve a decir que la solución al problema de la droga ES LEGALIZARLA. Colombia se hundió en ese mar de sangre, de terror y de terrorismo por esas benevolencias. Por favor que no nos pase de nuevo.


¿Cómo explicar que es la cocaína y además de la permisividad con esta, una de las causas más profundas y fuertes en la construcción de la violencia en nuestro país?

Empecemos entonces por esa época oscura de los 80. Pablo “el hombre fuerte de Medellín” y sus amigos sobrecogieron a nuestro país a base de bombas, muerte, sicariato, extorsión y corrupción. Héctor abad Faciolince atribuye en parte el crecimiento del monstruo, a una permisividad casi irrisoria. La clase política colombiana y las élites bogotanas sabían que en Medellín un comerciante de narcóticos crecía económicamente y en medio de su clasismo estúpido se reían. Creyeron que su arribismo lo enterraría, tarde se dieron cuenta que sus risas solo acrecentaron al monstruo que más adelante acabaría destruyendo hasta las más profundas estructuras políticas oligárquicas de formas física y moral.


Mientras las élites políticas bogotanas y la clase política del país ignoraba la fortaleza de Pablo y con su actitud casi que le dieron la bendición para acrecentarse, el mismo Pablo los cacheteaba y mientras lo hacía, conseguiría la bendición de la clase baja de Medellín. Le demostró la élite paisa además, que él era capaz de hacer lo que ellos no, le dio una identidad a la incertidumbre en las comunas y periferias de Medellín, bendición que con los años le sigue entregando legitimidad aun siendo el mayor asesino de nuestra historia contemporánea.


Pero… ¿Lo hizo solo? O ¿Pudo haberlo hecho solo? El hombre fuerte de Medellín quien empezó siendo un simple contrabandista ¿Podría construir un reino de terror y sangre contrabandeando licor o cigarrillos? ¿Cómo se sostuvo el imperio criminal de Escobar en Medellín y llegó a infectar todos los niveles de nuestra sociedad? ¿Cómo la cocaína fue la gasolina del terrorismo en Colombia? ¿Cómo la cocaína se vuelve la razón y la condición primaria para la reencarnación del cartel de Medellín y sus actuales formas paramilitares? ¿Cómo entonces, ha sido la cocaína el factor económico principal en las luchas guerrilleras desde hace 30 años?


Apenas pudimos darle una mirada primaria y general a la bomba de líneas blancas que aún no nos ha permitido desterrar la violencia, en las dos próximas entradas daremos más profundidad a este pequeño recorrido histórico para demostrar que el grueso de la sociedad colombiana aún con sus arraigados principios conservadores ha sido complaciente con la droga. La violencia no se ira sino somos capaces de rechazar TODAS sus expresiones. Los espero.


Entradas Recientes

Ver todo