• Santiago Cárdenas B

Carta abierta a la virtualidad


Muchos teníamos la ilusión de iniciar 2020-2 de una forma diferente a lo que terminó y se desarrolló en gran parte 2020-1. Los medios y nuestros gobernantes anunciaban el tan anhelado pico de la pandemia (tantas veces aplazado) para julio y esto hacía entender que iniciando agosto podríamos disfrutar una “nueva normalidad”. Sin embargo, esto no pasó; la situación se mantuvo o empeoró iniciando agosto y la virtualidad continuó.


Tuve la posibilidad este semestre de no tener clase de 7am, pero debo decir que para mí es un despropósito mantener esa hora de clase ya que, para muchos estudiantes, lograr tener hábitos de estudio en casa es sumamente complejo. También estoy agradecido de solo ver una materia con un contenido teórico importante; no me quisiera imaginar quienes tienen que ver materias esenciales de sus carreras, donde se requiere una mayor concentración que, en mi opinión, solo da el hecho de estar en un aula de clase.


Lo que mencioné anteriormente son quizás quejas de alguien que tiene muchas comodidades y le cuesta acostumbrarse a realizar todo desde su casa, a pesar de ya llevar 5 meses en la misma situación. También he sido testigo del proceso que llevan los estudiantes de mi mamá, quien es docente en un colegio del distrito y ver cómo, a pesar de las limitaciones tecnológicas, tratan de cumplir a cabalidad con sus compromisos académicos. Hacer esta radiografía, me ha permitido ver las dos caras de la moneda en esta cuarentena que le dió un giro de 180 grados a nuestras vidas.


También hay que ver cómo ha sido el papel de las universidades en esta situación, donde fueron contundentes frente al tema de las matrículas y en algunas pocas hubo unos mínimos descuentos del 10% en el costo de estas. Resulta frustrante e indignante que instituciones de educación superior, que por años vienen cobrando precios exorbitantes en las matrículas, no pueden ser un poco más generosos con sus estudiantes que cumplidamente pagan las matrículas en el plazo que ellos mismos establecen. Si bien no puedo desconocer diferentes ayudas que han ofrecido y que muchos estudiantes se han beneficiado, el sin sabor que queda por parte mía, es que tuvieron la oportunidad histórica de tener precios accesibles al alcance de los estudiantes y más aún, evidenciando que los ingresos de muchos padres de familia se vieron disminuidos para la crisis sanitaria que afrontamos.


Quizás solo hice barrido muy general de nuestra vida en la virtualidad desde el lado de la educación. Estoy seguro que muchos más sectores del país lo viven de una manera mucho más compleja y que sus necesidades son mucho más difíciles de cumplir por parte de un Estado que cada vez más demuestra su falta de eficiencia y que la pandemia desnudó mucho más sus falencias. Mi único deseo es que pronto podamos salir de esta y mejores como sociedad.


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