• Julián D. Rubio

¿Bodegocracia? El poder manipulativo de las bodeguitas uribistas.

La pieza olvidada en el panorama electoral a 2022.





Colombia, año 2020, si las interacciones en redes sociales fueran palpables en las calles, nadie dudaría que se cose un gran acontecimiento. Es el panorama prelectoral, rugen los políticos, se advierten estrategias y emergen incesantes temas en el debate público, pero poco o nada se habla de uno de los mayores problemas de las democracias contemporáneas, la manipulación de la opinión pública a través de las redes sociales.


Cada vez es más común en el mundo que la manipulación política se de a través del cyberespacio, pues las redes sociales ofrecen la posibilidad de generar propaganda altamente personalizada y de introducir bodegas (o cyber tropas si se quiere ser más académico) que inflan discursos, atacan a opositores y difunden desinformación. Estas bodegas, en sustancia, son grupos de personas que de forma organizada y con intención manipulativa, controlan bots o utilizan directamente sus cuentas personales para manipular la opinión pública. Y como no hay mal que no le toque a Colombia, el país ha sufrido diversos episodios donde las bodeguitas han determinado el devenir político de la casi patria que es Colombia, siendo el ejemplo más vergonzoso el plebiscito por la paz en 2016.


Esta realidad de manipulación implica como mínimo, revisar críticamente hasta qué punto es cierto el tan difundido mito de que las redes sociales son un espacio democratizador y de contrapoder; pero, más importante aún, nos obliga a asumir estrategias de autocuidado en redes, y por supuesto, a acoplar la disputa electoral con la manipulación en redes sociales. En 2022 no podrá existir un análisis de coyuntura respecto a la dinámica electoral que no contemple este fenómeno, ni mucho menos, habrá movimientos, partidos o políticos que puedan prescindir de una estrategia -con mayor o menor grado de manipulación- de propaganda en redes sociales. Lejos de ser el paraíso emancipador de las abejitas progresistas, las redes sociales son el bastión de la manipulación y el As que inclinará la balanza en la siguiente contienda electoral.


Y hablando de cartas, es el uribismo quien no solo tiene el As, sino la baraja completa. Los allegados a Álvaro Uribe y el ‘Centro Democrático’ a 2020 acumulan 4 años de experiencia en manipulación de las redes sociales; años en los cuales han diversificado sus recursos y estrategias, pues no solo cuentan con el apoyo de portales como El Expediente donde a veces se suele publicar Fake News, sino además cuenta con una bodega altamente cualificada de influencers tuiteros (como reveló La Liga Contra el Silencio) que es apalancada por el uso masivo de bots (como evidenció Valerie Cortés, junto al Espectador y la Universidad Javeriana).


Y como si no fuera poco la experiencia, la diversidad de recursos y la alta cualificación de la bodeguita uribista, el Centro Democrático al parecer cuenta con algunos de los perfilamientos y chuzadas ilegales que el ejército ejecutó según los testimonios expuestos en las investigaciones de la revista Semana (18 de mayo de 2020) ¿Y para qué sirve un perfilamiento? Pues en su uso básico, para recolectar materia prima que permita generar campañas de desprestigio más eficaces y con mayores implicaciones para los atacados. Y sí, aunque los perfilamientos fueron descubiertos y supuestamente se paró la operación y la filtración de información, las risibles acciones -o más bien, inacciones- del Ministerio de Defensa respecto al hecho, abre la puerta a que en 2021 y 2022, tengamos perfilamientos recién horneados para la contienda electoral.


Así, aunque una tendencia en Twitter no va a hacer que un petrista le vote al uribismo, las bodegas si pueden lograr que los votos afines a Uribe se trasladen a un candidato que no sea un uribista pura sangre, que sería probablemente la jugada del Centro Democrático para ganar al público que cae en los candidatos ‘atrapa todo’ (como lo son Fajardo o Galán). Jugadas como estas resolvería el problema de sacar un candidato purasangre uribista ante la decadencia del partido producto de la muy eficaz e inteligente gestión de Iván Duque, los pleitos judiciales de Álvaro Uribe y los escándalos de corrupción.


Además, las campañas de desprestigio y los mensajes de odio que pueden introducir las bodeguitas uribistas son un caldo de cultivo para dividir a las fuerzas alternativas y tibiamente alternativas, y así evitar una coalición de candidato único que se oponga al uribismo. Lejos de estarnos preguntando si Petro logrará conciliarse con los verdes y el Polo en una coalición de candidato único, o si el candidato de Uribe saldrá de las filas del Centro Democrático, debemos preguntarnos cómo jugar contra las bodegas, pues si este problema no se resuelve, las demás preguntas son subsidiarias.


Por cierto, mientras se cocina la campaña de manipulación más grande en la historia de Colombia, los colombianos estamos hablando de #PasionDeGavilanes (tendencia N° 1) y ahí en el tercer lugar en tendencias, está nuestra bodega, la bodega de la economía naranja, la de todos los colombianos, sí, ahí está el #SantosEnElCartel (22 de julio). Así qué, ¿Por qué no hablar de #LaBodeguitaUribista?


Como ñapa para lxs curiosxs:


Las bodeguitas (cyber troops) son solo un elemento de un fenómeno más amplio denominado propaganda computacional (computational propaganda). En este fenómeno está inscrito las fakes news, el robo de datos, las burbujas informativas/cámaras de resonancia, los fenómenos de propagación de conspiraciones locas y demás. Para más detalle de este fenómeno recomiendo consultar el libro ‘Computational Propaganda: Political Parties, Politicians, and Political Manipulation on Social Media’ de Samuel C. Woolley and Philip N. Howard.


Aunque los influencers uribistas salieron a decir que no son una bodega sino defensores de la integridad de Álvaro Uribe y sus ideas, en el chat en el que se coordinaban enviaron información que explícitamente, da herramientas para manipular a la opinión.

Referencias:

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