• Andrea Luque

Blanco


Me despierto en un cuarto. Es blanco, simple y sin ventanas; nada. Suena tranquilo...en paz. Puedo sentir el piso suave y liso debajo de mis pies, lo que hace que me dé cuenta que estoy descalza. Qué raro. Me gusta usar medias y zapatos, así que me pregunto “Si se supone que este es un lugar tranquilo ¿Por qué estoy descalza si me hace sentir incómoda?” Aún así suena tranquilo. Pero ¿A qué suena la paz? Porque aunque el cuarto está en silencio, a mí no me gusta el silencio. El silencio significa escuchar mis pensamientos, que casi siempre significan desesperación. Aún así todo está en calma…¿Por qué?


Abro los ojos, o ¿Ya estaban abiertos? No se, pero ni me importa. Solo veo blanco. Uno pensaría que en una habitación blanca, sin sonido y con el piso suave y liso, debería ser algo brillante, pero no lo es. El brillo está ahí, viene de la blancura de la habitación. Porque es tan blanco todo, no puedo distinguir la puerta, o un bombillo, nada que indique cómo llegué a este lugar. Todo está en calma. Mientras me pregunto estas cosas, se sienten insignificantes y pequeñas. Como si no importara cómo llegue aquí.


Doy un paso adelante esperando oír algún tipo de sonido. Nada. Puro silencio. No hay vibración, ni sonido, ni siquiera una sensación. Solo el suelo liso y suave debajo de mis pies. Mi cerebro me dice inmediatamente que debería decir algo, para probar si puedo escuchar mi voz, pero no me interesa. Hablé por mucho tiempo de todas formas. Es momento de estar en silencio. Pero no me gusta el silencio. Igual todo está en calma. Pero ahora quiero dar más pasos hacia adelante. Así que lo hago. No hay nadie ni nada que me detenga.


Camino y camino, perdiendo completamente el sentido del tiempo y el espacio. Sigo adelante y aún todo está en silencio. No me atrevo a hablar, no porque tenga miedo, sino porque ya no lo necesito. Mientras camino, me vuelvo a preguntar cómo llegué hasta acá. Hay un vago recuerdo de algo que parecía muy importante. Ahora parece estúpido y sin sentido. Sin embargo, tan pronto pienso en eso, siento algo pesado. Miro a mi alrededor, pero no veo nada diferente. Solo blanco, en calma y en paz. Sigo caminando porque da la misma. Simplemente es insustancial. El silencio me comienza a molestar...y lo blanco. De todas formas sigo caminando. Recuerdo otra cosa, esta vez, me arrepiento. Me siento más pesada.


Me vuelvo a preguntar cómo llegué hasta acá, mientras me miro los pies. Casi se ven como si no le pertenecieran a mi cuerpo, pero sigo caminando. ¿Cómo llegué aquí? Otro remordimiento. Cada vez me siento más pesada y la habitación se siente menos en paz. Comienzo a pensar en la gente que amo. Me pregunto si ellos saben que estoy en un cuarto blanco, o si ellos estan en uno también. Pero si lo estuvieran; ¿No me habría topado con alguno luego de caminar tanto? Me vale cinco la respuesta, pero aún así sé la respuesta, y me siento cada vez más pesada y menos en paz. Camino un poco más rápido, esperando encontrar una pared o una puerta, pero no hay nada. Una eternidad blanca. El peso me comienza a sofocar. Todos mis remordimientos, todo lo bueno, todo fútil y a la vez pesado, pero sigo caminando por alguna puta razón.


Es pavor. Ya sé por qué estoy aquí. Sé que esta habitación blanca, suave y en silencio no tiene fin. No tiene fin porque ya todo acabó. Debería estar en pánico, o al menos una parte de mi cerebro me dice que esa es la reacción correspondiente. Entrar en pánico, gritar a todo pulmón y tratar de sobrevivir. ¿Pero sobrevivir qué? Ya no hay amenazas de ningún tipo. ¿El pavor no es una amenaza?


Dejo de caminar. Dejo que el peso me consuma al momento en que me tiro en el suelo y paro todo. Hasta aquí. No hay nada más. Esta soy yo, tirada en el suave y blanco suelo, de una habitación blanca y en silencio. Pero no estoy en paz...nunca lo estuve. Mis recuerdos desaparecen, pero el pavor no. El peso sigue ahí. No me importa. Fue mi decisión, pero al final la decisión no importa tampoco. No hace ninguna diferencia si siguiera caminando o estar tirada en el suelo. En este cuarto blanco y en silencio nada importa. Pero si en este cuarto nada importa ¿Quiere decir que algo importó en algún momento? Nop. Siento que mi pecho es aplastado, porque siempre quise importar y me doy cuenta que la razón por la que estoy aquí, es porque nunca importé. No hay nada. Noy hay paz, no hay pavor, no hay silencio ni ruido, ni siquiera estoy yo.



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