• Federico Freydell

Black identities matter



Colombia se jacta de ser una nación diversa y plurinacional. Es cierto, no lo somos tanto como nuestros vecinos; no somos Bolivia, nación con 36 lenguas oficiales divididas en 13 familias lingüísticas, ni Perú o Venezuela, con vibrantes poblaciones étnicas nativas e inmigrantes, pero igualmente nos vemos como un país plurinacional y pluricultural. Esto llega a tal nivel que la Constitución, en dos de sus 10 principios fundamentales, reconoce la diversidad y el patrimonio cultural; incluso reconoce el deber estatal de proteger la “diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”.


Quizás por esto es que Colombia, en muchos casos, se ve como una sociedad “post-racial”. Nos vemos como un país donde las diferencias raciales son un tema del pasado; donde el único momento en el que se nota la diferencia en el color de piel es al momento de ver el mundial y darse cuenta que de 11 héroes patrios, 7 u 8 son afrocolombianos. Quizás por eso es que en recientes encuestas (como por ejemplo en una encuesta realizada por el Barómetro de las Américas en 2011) 92% de los colombianos dicen nunca haber experimentado discriminación por su color de piel, así como 65% de los afrodescendientes. Pareciera ser, dirían algunos, que somos una sociedad más avanzada que nuestros vecinos del norte.


Pero, si es así, ¿entonces por qué el número de afrocolombianos baja año tras año?


La pregunta parece extraña, pero merece consideración. Entre nuestros censos de 2005 y 2018, la población negra, afrocolombiana, raizal o palenquera de Colombia (NARP) declinó por más de un millón de personas - un 30.2%, según el DANE. 450 mil afrocolombianos desaparecieron del Valle del Cauca; 280 mil de Antioquia, 178 mil de Bolívar, 87 mil de Atlántico y 31 mil de Bogotá. La reducción se sintió en todos los grupos etáreos; mientras que en 2005 se midieron más de 200 mil niños afrodescendientes, en 2018 había poco más de 100 mil adolescentes. La tasa fue muy superior a la mortalidad, a la emigración, o a cualquier elemento que podría explicar de forma “orgánica” la reducción radical en la población afrodescendiente.


Esto se puede explicar de diferentes formas; quizás el censo del DANE, que incluso la propia organización reconoce estuvo lleno de errores, no logró censar a los hogares más remotos, o aquellos que no se podían quedar en casa un día laboral en 2018 (después de todo, los afrocolombianos tienen una tasa de pobreza 11 puntos mayor que la población general, una cobertura de gas natural 17% menor, 20,2% menos cobertura de alcantarillado, 16% menor cobertura de internet, e incluso 4% menor cobertura de luz eléctrica). Quizás, viviendo en hogares más grandes, hubo un infraconteo de las familias NARP. Todos estos pueden ser motivos, errores inocentes por parte del DANE, pero que demuestran el primer gran error; pensar que, socioeconómicamente, Colombia no tiene grandes dificultades raciales.


Pero quizás la reducción en números de afrodescendientes se debe a un tema muchísimo más grave. Quizás, en un país donde la identidad étnica es elección propia y, debido al amplio mestizaje, las diferencias entre las etnias se confunden ante la vista, las personas afrodescendientes cada vez quieren verse menos como tal; asustados y cansados de vivir en un país que los ve como algo a tolerar, como una etnia que todo el mundo “respeta” pero tiene que aguantarse innumerables microagresiones y ataques.


La solución es sencilla. Debemos abandonar el pensamiento que el racismo ya no importa en nuestro país, que a diferencia de Estados Unidos si somos una sociedad post-racial, salvada por el mestizaje que nos dejaron nuestros ancestros. Nada es más lejano que la verdad. Una verdadera sociedad que proteja la diversidad étnica y cultural de nuestra nación es una que impide que el desprestigio de la identidad minoritaria acabe con ésta identidad, como ha ocurrido con miles de minorías a través de la historia, y como parece estar ocurriendo con las comunidades NARP. Una sociedad realmente igualitaria es una en la que las identidades negras sí importen.

Bibliografía

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